Reportaje | El campo de concentración de San Simón El régimen del terror que se instaló en Galicia tras el estallido de la guerra civil mostró una de sus caras más terribles en la isla que se tiende frente a Redondela
01 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?24 de diciembre de 1936. Cenamos en la habitación de Don Jacobo, él, Jacobito, Achiño, Carrasco, Valentín, José, Álvaro Gil y yo». Esa anotación podría ser la amable reseña de un diario, el recuerdo de una agradable reunión de amigos. Pero los protagonistas de esa historia compartieron mucho más que amistad: compartieron miedo, frío, hambre. Y tiempo: el que pasaron en la isla de San Simón, uno de los campos de concentración en los que el Movimiento Nacional encerraba a quienes creía sus enemigos mientras no decidía su destino. Allí, cercados por las grandes olas de la represión y la guerra, miles de prisioneros se enfrentaron a las más duras condiciones de vida. Comunistas, socialistas, nacionalistas y republicanos de distintas familias dormían amontonados, en filas prietas que les impedían el movimiento. Comían lo que podían: la mayor parte de las veces un rancho pobre cocinado a base de mondas de patatas. «Cando o íamos visitar, o noso irmán poñíase contento porque lle levabamos comida, e alí só tiña peles de patacas», recuerdan aún hoy las hermanas de Juan Allo, uno de los arousanos que pasó por el penal. «Aillados» Pero el frío y el hambre no eran lo peor de San Simón. Quienes por allí pasaron sufrieron la peor de las torturas: un permanente estado de miedo. Miedo a que su nombre resonase alguna noche, envuelto en la oscuridad del paseo y la muerte. Un miedo alimentado por las falsas esperanzas de libertad comprada al que durante un tiempo fue el director de la prisión. Un miedo acrecentado por las voces, los insultos y los malos tratos propinados por un hombre de Dios: el padre Nieto. «Un energúmeno, porque non ten outro nome», recuerdan algunos de los supervivientes en el reportaje Aillados, a memoria dos presos de 1936 na illa de San Simón: un trabajo de investigación, firmado por Antonio Caeiro, Juan González y Clara María de Saa, que ha permitido rescatar una pagina negra de la historia de Galicia. Aunque en el documental no abundan las voces arousanas, por la isla tendida ante Redondela pasaron muchos hombres nacidos a orillas de la ría de Arousa. Muchos de ellos fueron arrastrados a otros penales, mas lejanos, donde no tenían siquiera el consuelo de la visita familiar. Fue el caso de Juan Allo, que convivió en Pamplona con uno de sus vecinos mas ilustres, Don Jacobo. Por no escuchar las recomendaciones del medico, Juan murió tiroteado mientras trataba de huir de la prisión. Fue el doctor de Lordelo quien devolvió a su madre la manta con la que se cubría cada noche aquel joven grovense, empeñado en espantar el frío. También hubo masivos movimientos de presos en sentido inverso. Al finalizar la guerra, fueron trasladados hasta San Simon centenares de hombres procedentes de otros penales de la península. Algunos llegaron a bordo de un barco en el que permanecieron demasiado tiempo, amontonados y sin alimentos. «Os velliños» Hambrientos, enfermos y tristes, aquellos nuevos inquilinos del infierno fueron bautizados como os velliños. Su llegada masifico la ya excesivamente poblada prisión y azuzo el hambre de todos los que allí se encontraban. La gran hambruna que se vivió a principios de los cuarenta causo estragos entre la población de reclusos. Y a muchos de los prisioneros no les quedo mas remedio que cazar ratas para sobrevivir al hambre. La de San Simon es una de las historias de la guerra que ha sido silenciada. Pero, poco a poco, la capa de olvido comienza a desaparecer. Y las olas que cercaron una parte de la verdad histórica ya no son tan altas.