Análisis
21 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?l proceso desencadenado por la renuncia de Javier Gago a la reelección probablemente no afecte sólo al seno del grupo municipal, sino también a la ejecutiva del PSdeG en Vilagarcía. Pese a las críticas que pueden oponérsele, no hay duda de que la labor de Gago al frente de la alcaldía ha mudado de arriba a abajo la ciudad. Nadie podría imaginarse la Vilagarcía de hoy sin el paseo marítimo, la playa de A Concha-Compostela, el complejo polideportivo de Fontecarmoa, los parques de Miguel Hernández y del río de O Con, el auditorio o el Hospital do Salnés. La capital arousana dispone de una escuela de música municipal que funciona, de un conservatorio de grado medio y de una escuela de idiomas que pronto estrenará sede propia. Aquí es posible estudiar todas las modalidades de bachillerato. Vilagarcía se asoma, además, a una encrucijada trascendental. Con las circunvalaciones a punto de iniciarse y la reforma de la vía de tren en el Eixo Atlántico -que pondrá a Santiago a tiro de quince minutos y Pontevedra a poco más de diez-, la ciudad puede y debe convertirse en uno de los enclaves estratégicos de la fachada atlántica galaica. Ni siquiera sus más fieros detractores discuten que el alcalde ha tenido que ver en todo ello. Sin embargo, la gestión eficaz, brillante en ciertos aspectos, se ha acompañado siempre de una particular dialéctica bronca que en más de una ocasión ha situado como oponentes a la alcaldía y a la ejecutiva local del PSOE. La desconfianza mutua ha sido una constante, y este tira y afloja ha acabado por debilitar la estructura del Partido Socialista. Porque, en momentos como éste, una formación política debe aportar músculo. Es el partido el que, en buena lógica, ha de capitanear cualquier transición, generando figuras válidas para el desempeño de puestos claves que sean demandas y por la gestión pública. Durante años ha faltado esa fluidez, esa comunicación, y, a la vista está, en torno a Gago se ha generado un espectacular vacío de posibles sucesores que ahora debe llenarse. Y el reto no es pequeño.