Vilagarcía se abona al pacto

La Voz

AROUSA

La cosa política

13 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?ace tiempo que se esperaba un paso de este tipo. En realidad, desde que el PSOE de Javier Gago perdió la mayoría absoluta, en aquel brumoso mes de junio del 2003. Tres años han tardado socialistas y nacionalistas en escenificar un acercamiento que vaya más allá de la mera apariencia, haciendo buena aquella «cociña a lume lento» que en su día proponía el portavoz del BNG, Xosé Castro Ratón. El pacto estratégico que el Bloque pone encima de la mesa, centrado en el proyecto Luz Salgada, la revisión del PXOM, la reforma de la plaza de abastos y la ampliación de la red de saneamiento, responde, exactamente, a lo que el tempo político demanda en la capital arousana. Es decir, la puesta en escena del futuro que probablemente le aguarda a la ciudad, un gobierno de coalición, sin necesidad de comprometer excesivamente a nadie en el año que resta hasta las municipales. No al PSOE, que recibe un balón de oxígeno simbólico, se pone en fila con la realidad del resto del país y abre unas perspectivas novedosas, lo cual no deja de ser difícil después de quince años de gobierno municipal. Tampoco al BNG, que recupera el tiempo perdido y se adentra en la faceta de la que cojeaba desde aquel lejano 1993 en el que se rompió el tripartito vilagarciano: tomar la iniciativa en cuanto a la ordenación de la cosa pública en Vilagarcía. En otras palabras, los nacionalistas necesitan demostrar capacidad de gestión para no sólo superar el registro de cuatro concejales cosechado en el 2003, sino simplemente mantenerlo, porque la pelea electoral se avecina reñida. Todo ello, eso sí, sin la parte negativa que acarrea cualquier coalición: la fricción entre las partes. Por algo es un pacto estratégico y limitado. La jugada es inteligente y puede funcionar bien. No obstante, quien piense que estamos asistiendo a un simple juego de manos, sin contenido real, se equivoca. Aunque todavía no se ha hecho demasiado visible, los nacionalistas han tocado una cuestión urbanística de alta sensibilidad. Su exigencia de ganar para el patrimonio público parte de la finca de Ouro, junto a Fexdega, entra de lleno en uno de los pasteles inmobiliarios más golosos que se presentan en la capital arousana ante la inminente reforma del PXOM. Por esta finca ha habido ya más de una discusión importante en los círculos empresariales de la ciudad, y el hecho de que las formaciones políticas comiencen a tomar posiciones para regular la forma en la que se ejecutará su desarrollo -el propio alcalde dice que no quiere «otro Piñeiriño»- tal vez permita hacer realidad lo que raramente sucede: que el planeamiento vaya por delante del cemento y el ladrillo, y no al revés. Las quinielas electorales Nada de esto es ajeno, claro, a la percepción que cada formación mantiene sobre sus posibilidades electorales en el 2007. El PSOE vive momentos de optimismo con matices. Las peores tormentas del mandato en minoría parecen haber pasado. Y eso que Javier Gago incurrió en uno de los mayores gatillazos que caben en una trayectoria tan prolongada como la suya: planear su propia sucesión, que salga mal y volver al ruedo como cabeza de lista. ¿Alguien lo duda aún? El caso es que Gago ha salido políticamente vivo de semejante entuerto. Aunque hay quien pronostica que la recuperación de la mayoría absoluta es posible, de puertas adentro los socialistas se han instalado en una posición realista. Hoy por hoy, conservar los nueve concejales se percibe en el PSOE como un resultado excelente, asumiendo además que el siguiente mandato exigirá un acuerdo global con el Bloque, cuyos responsables, por otra parte, anuncian ya que su intención es entrar a formar parte del gobierno vilagarciano. La quiniela del PSdeG apunta, por lo tanto, a nueve. Algo parecido sucede entre las filas nacionalistas. Mantener sus cuatro concejales actuales, en un contexto general que, pese al bipartito, resulta todavía muy confuso, constituiría un éxito y demostraría que lo ocurrido en el 2003, con el salto electoral experimentado por el Bloque, no fue flor de un solo día, sino que existe en Vilagarcía un nicho electoral dispuesto a escuchar y respaldar sus propuestas. Falta por aclarar un tema esencial, quién será el cabeza de cartel. Tras muchos dimes y diretes, la organización nacionalista quiere que repita Castro Ratón, pero nadie parece haber formulado todavía una propuesta en serio al portavoz, que en su día apostaba por dejar la plaza. Si él está dispuesto a hacerlo, no parece que vaya a haber problemas para que ocupe el primer puesto de la candidatura del 2007. ¿Qué pasa con Fajardo? En los planes de socialistas y nacionalistas no puede pasar desapercibida Esquerda Unida. En Ravella hay quien vaticina que ni siquiera Juan Fajardo repetirá su acta como concejal. Pero esta opinión responde más a un desiderátum que a un análisis realista del contexto político de Vilagarcía. Porque lo cierto es que Fajardo se ha hecho con un hueco propio que probablemente defienda en buenas condiciones y pueda amenazar al PSOE y al BNG con fugas por la izquierda. No es descartable, por ejemplo, que EU constituya grupo propio a partir del año que viene, sumando dos concejales. No falta tampoco quien, anticipándose a esta posibilidad, plantee ya la necesidad de que también Fajardo y su gente se sumen a la fórmula del pacto estratégico. La gran pregunta es a costa de quién podría crecer Esquerda Unida. Queda un año por delante para comprobarlo.