El megáfono que avisa no es traidor

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

En directo | Celebración del Primero de Mayo en Vilagarcía En vísperas de la huelga del metal, a un paso de que la conserva encienda la mecha de la deslocalización, CC. OO. reunió la mayor manifestación de los últimos años

01 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?os veteranos del Primero de Mayo en Vilagarcía saben perfectamente que la solitaria convocatoria de Comisiones Obreras puede deparar los más dispares resultados. Cuando hay algún asunto candente sobre la mesa, llámense Larsa o Unicar, la manifestación está a reventar. Cuando se trata de devolver el juego contrario desde el fondo de la pista, no es extraño contar cincuenta personas en Ravella, tirando por lo alto. Es este factor, precisamente, el que otorga valor añadido a la celebración de la Fiesta del Trabajo que ayer recorrió las calles de la capital arousana. Fue, sin duda, la mayor movilización de los últimos años, con más de medio millar de participantes, que no cesaron de proclamar consignas a favor del empleo estable, contra la precariedad, con la lucha por una vida digna siempre en el punto de mira. Los lemas, siempre abiertos a la improvisación y a la mayor o menor fortuna retórica, tuvieron un poco de todo. Desde el espontáneo «manda carallo, tanta xente sen traballo» hasta un clásico, muy trabajado por el personal del BNG en su día, recuperado para la ocasión por la gente de CC. OO.: «PSOE, PP, a mesma merda é». La comitiva partió de la plaza de Ravella para enfilar Juan Carlos I, la avenida de A Mariña e internarse en un recorrido sinuoso por el centro de la ciudad. El punto de encuentro fue, como es habitual, la plaza de Galicia. Allí fue donde el secretario comarcal de Comisiones, Ramón Bueno, tomó el megáfono. Animado por la concurrencia, desplegó un discurso de alto contenido mediático y reivindicativo. Mediático, porque las suyas fueron palabras enfáticas, que buscaban el arranque anímico de la gente. Reivindicativo, porque no sólo se detuvo en los hitos sindicales del último año en O Salnés -véanse los conflictos de Megasa, Lantero o Marsac, gran representación, por cierto, de O Grove, con Xan Caneda a la cabeza-; apuntó, también, a los retos que el futuro inmediato abre bajo los pies. La pelea contra la precariedad en el puesto de trabajo, tanto por lo que respecta a los contratos como a las condiciones de seguridad, la necesidad de una apuesta decidida del Gobierno gallego -toque de atención al bipartito- por la investigación y el desarrollo como fórmula para alcanzar un panorama laboral digno, y la huelga en ciernes del metal, que comenzará mañana si nadie lo impide, dibujaron las líneas básicas de su intervención. Eso, y una seria advertencia sobre el futuro de la conserva y los aires de deslocalización.