AREOSO | O |
31 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.POCAS veces tiene una la ocasión de acudir a acontecimientos como el que el pasado fin de semana se celebró en A Illa. Ver tocar a Pablo Milanés es siempre un lujo, pero tener la posibilidad de escucharlo como si estuvieras en el salón de casa es quizás una oportunidad de la que sólo se puede disfrutar una vez en la vida. Porque, realmente, eso fue el concierto del Con do Moucho, una fiesta para los amigos. Varios músicos, dos guitarras y que salga lo que Dios quiera fue el lema de una actuación en la que hubo momentos inolvidables. Empezó el acto el verdadero protagonista del mismo, el cubano Raúl Torres. Pero pronto se vio que sus amigos no le iban a dejar sólo ante la difícil papeleta de actuar ante un público que, en su mayoría, había ido a ver al autor de Yolanda . La cosa quedó clara cuando Milanés se presentó en el escenario y, entre los gritos de los asistentes, comenzó su acompañamiento. Políticamente correcto, su actuación se limitó a los temas del verdadero protagonista y para el recuerdo quedará su interpretación de canciones como Candil de Nieve o Se fue . A pesar de la insistencia de determinados sectores del público, que no cesaron de reclamar Yolanda , Milanés descendió del escenario y también lo intentó Raúl. Pero no fue posible. El público estaba entregado y el cubano supo mantener caliente el ambiente. Un nuevo amigo entró entonces en escena a petición de los asistentes. Batallán, que pasaba por allí, agarró la guitarra y, tras Longa Noite de Pedra , no se resistió a cantar O Maio . Llegó entonces la prueba de que aquello era una fiesta de amigos y, sin pensarlo ni un segundo, la voz de Milanés sonó entre la del público. Sin micrófono pero con mucho sentimiento el cubano demostró que su isla está más cerca de lo que pensamos. Una pena la actitud de algunos de los asistentes, que no supieron que para escuchar mejor, hay que estar callado.