Foise co vento

AROUSA

CON GOTAS | O |

22 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

UNA nutrida concentración de última hora no modificará el veredicto de la campaña Panos Brancos contra a Droga, en la que la Fundación Galega contra o Narcotráfico ha empeñado buena parte de su esfuerzo y su prestigio. Buscando un revulsivo semejante al de las banderas negras y azules de Nunca Máis, la idea no ha cosechado más que un resultado discreto. Medio centenar de sábanas saben a poco frente al ambicioso objetivo: lograr que, no la sociedad en su globalidad, ojo, sino el individuo concreto haga suya la repulsa a los psicotrópicos, así, en general confusión, y asuma activamente la promoción de un símbolo. Hay bastantes cuestiones en las que los responsables de la fundación deben meditar, a riesgo de que a su iniciativa se la lleve el viento. Pero no el aire que ha dado en soplar durante las últimas semanas, enredando las blancas enseñas en los balcones, sino la ventolera estéril de la institucionalización artificial, la cosificación teatral de la salva, el banderazo, el discursito oficial y a casa que hace frío, que es lo peor que le puede suceder a cualquier movimiento que aspire a un mínimo de vida y aliento. Lo primero que conviene es identificar qué queremos. Rechazamos el consumo o el tráfico, porque no es lo mismo y meter todo en el mismo saco es la mejor manera de seguir en el atolladero. La percepción social ha cambiado desde los ochenta, en los que la figura desgraciada del yonqui llevó la tragedia a tantas familias y la alarma al resto. Todo evoluciona. La heroína ya no es lo que era. Segundo, cómo lo queremos. Ansiamos un desfile de autoridades y prebostes, siempre dispuestos al acto de público escrutinio, mejor si es estrechando manos, o un pulso ciudadano, que emane desde abajo con vigor. Tercero, adónde vamos, hacia la profundización en la libertad de conciencia como base de la responsabilidad, o hacia el paternalismo bienintencionado.