La cosa política
18 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?hora que han transcurrido varias semanas desde la dimisión de la mayoría del grupo municipal del PP en Vilagarcía, tal vez llegue el momento de analizar con calma qué está sucediendo en el interior de la gaviota vilagarciana. Para ello, nada mejor que acudir al documento que recoge las intervenciones de sus más directos responsables en la polémica reunión de la gestora, celebrada el 22 de diciembre. Un texto en el que los conservadores dejan entrever todos sus fantasmas, sus temores, sus esperanzas y las muy distintas ideas sobre el futuro y la estrategia a seguir que conviven en su seno, y que la renuncia de Maribel Fernández, Marcos Barros y Luis García no ha cerrado. El primer rasgo que cabe destacar es la gran influencia que la estructura provincial del partido ejerce sobre la agrupación de la capital arousana. «Ahora mismo a nivel provincial están de nuevo con la idea de que Vilagarcía vuelve a las andadas, un paso adelante y dos atrás, y es así porque últimamente se han producido llamadas a Pontevedra con quejas sobre el trabajo o la forma de realizar las cosas en Vilagarcía, con esto hay que acabar de una vez», lamentaba el presidente de la gestora, Tomás Fole, para pedir «más implicación por parte de los miembros de la gestora en todos los temas que conciernen al partido». Fole, que evidentemente se dirigía a los tres ya ex concejales, pero no sólo a ellos, no se anda por las ramas: «Nuestro objetivo es llegar a la alcaldía en las elecciones del 2007, y las personas que no creen en el proyecto desmotivan al resto de compañeros». De principio, el ambiente es, pues, de división y recelo interno ante la marcha que sigue el partido. De ahí a cuestionar la legitimidad de la gestora hay un paso, y esta es otra de las cuestiones que está encima de la mesa permanentemente. Pero sobre este tema, y sobre la mejor forma de cimentar el liderazgo del equipo de Fole, tampoco hay consenso. Así, Picón considera que la celebración de un congreso -que a la postre llegará en mayo- «daría más legitimidad a este estado actual», en el que Fole es presidente únicamente «por designación del presidente provincial», como él mismo reconoce. Luis García, sin embargo, entendía, ya en diciembre, que antes de llegar al congreso convendría aclarar las cosas en un acto abierto a la militancia: «Sería preciso y muy interesante celebrar una asamblea de afiliados en la que cada uno pudiese expresar su opinión». «Gago no está acabado» La dependencia con respecto a Pontevedra y la necesidad de legitimidad son, pues, dos de los principales motivos de preocupación para la gestora. El tercero, apuntado por Fole al inicio de la sesión, se centra en las elecciones municipales. Pese al objetivo manifiesto de vencer en las urnas, la cuestión no parece fácil. Juan Carlos Maneiro se muestra preocupado por la imagen externa del partido: «Debemos esforzarnos para que nuestro proyecto vaya arriba y conseguir un buen resultado. Nos queda un año para las elecciones, y si no apretamos el acelerador nos podemos quedar con tres concejales. Debemos apartar las apetencias personales». El tema cobra calor, y también surgen distintas visiones. Luis García admite que la ambición del partido «es ganar las elecciones municipales», pero añade un significativo «independientemente de quién sea el candidato». El entonces concejal abraza la tesis de que «el presidente y el candidato no tienen por qué ser la misma persona». García formula, además, un temor lógico ante un contexto electoral adverso para el PP: «Si estas elecciones salen mal, perdemos la Diputación provincial, que es lo único que nos queda». En su opinión, «el único resultado bueno es conseguir la mayoría absoluta que nos dé la alcaldía». Maneiro, por su parte, pide otra vez sentido de la realidad: «Tenemos que ser realistas y mirar todas las posibilidades. Gago no está acabado, no se sabe si se presenta a la reelección o no, las posibilidades están muy abiertas». Subyace aquí una división profunda, generada por el proceso de elección del sucesor de Manuel Fraga al frente del PPdeG. Los reproches son, en este sentido, durísimos. Concepción Abellás es especialmente contundente: «Yo sí noté un pulso a Tomás y a esta gestora. Y ahora me refiero a Cristina y a Elisa cuando digo que vosotras fuisteis en esa lista que para mí, y para otra mucha gente, estaba echando ese pulso. El día de la asamblea parecíais de la oposición». Elisa González, que después renunciaría a entrar en el grupo municipal, se defiende y asegura que nunca ocultó su preferencia por López Veiga. Cuando Fole le reprocha que fuese en otra lista cuando a él le había dicho que no tenía interés alguno, le llama «mentiroso» y desvela que al presidente le preocupa la existencia «de un grupo de conspiración en su contra». La herida de la sucesión En un momento en el que la discusión toma un cariz personal, Beatriz González Loroño aporta sentido común al debate: «En esa asamblea hubo ya bastante desgaste, de hecho me paró un señor en la calle para pedir que lo diésemos de baja; me dijo que no comprendía cómo dentro del mismo partido se pueden estar diciendo cosas tan graves entre unos y otros». El hecho de que, una vez más, «coincida que el ganador es el mismo candidato oficial del partido» es motivo que lleva a pensar en «irregularidades» y en si, realmente, es Feijoo el favorito de los afiliados. García da la puntilla al recordar que «en esa asamblea hubo un 30% de apoyos a la otra candidatura». Conclusión: «Sigo opinando que la gestora está en situación precaria». Dos meses después, presentaría la renuncia a todos sus cargos. Muchas heridas sangrando con las que el PP llega su congreso.