AREOSO | O |
14 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.AYER, a las cuatro de la tarde, se estaba bien en Tragove. Hacía sol y soplaba una brisilla amable. Sin embargo, una menda no pudo evitar un escalofrío al escuchar a los tripulantes del Mayador I contar su peripecia: el lunes habían salido a pescar y habían vuelto a tierra con una carga de muerte vista desde la barrera. Ellos fueron quienes encontraron la lancha del vecino de Portonovo desaparecido, y quienes, un poco más tarde, se habían topado con el cadáver montado en una ola, mirándolos con los ojos abiertos. ¿Cuántas veces puede salir el cero en una mesa de ruleta? ¿Cuántas posibilidades había de que protagonizasen dos capítulos de una desgracia? «¿Non é demasiada casualidade?», se preguntaban Pedro y Manolo. Pedro y Manolo se conocen bien. Trabajan juntos en el mar, y en el mar hay que estar como en el campo de batalla: codo con codo, cubriendo en parte al compañero porque nunca sabes cuándo el compañero tendrá que cubrirte a ti. Pedro y Manolo han compartido muchas cosas, pero se reservan el derecho a no estar de acuerdo en todo. Aunque sea por matices. «-Os mariñeiros están abandonados por todos, dice uno. -Estamos abandonados, é verdade, pero tamén nós somos moi abandonados. O mar non se leva aos cobardes, porque os cobardes sempre toman as medidas de precaución. Nós imos demasiado confiados..., respondía el otro». Hablaban minutos antes de embarcarse. Les esperaba un día de trabajo al que llegaban casi sin dormir, nerviosos por lo que habían visto. Y por los augurios. «A vida ten que seguir. Nós temos que gañar o xornal». Ayer, al sol de Tragove, entendí la definición de héroe que me dio un profesor de literatura. «Es aquel personaje que se enfrenta con la muerte», dijo. Pedro y Manolo, como tantos otros, son héroes. Aunque a veces se les olvide.