Expendedor de tangas (rojos)

AROUSA

AREOSO | O |

26 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTAMOS rodeados. De espabilados, de incompetentes y, sobre todo, de máquinas. Ahora, en La Voz, por ejemplo, tenemos una máquina tragaperras que a cambio de euros regala colesterol. Maicitos, palmeras de chocolate, y hasta creo que un producto dietético o algo parecido, que solamente tiene un cliente entre los componentes de la Redacción, por cierto. Lo cierto es que las máquinas expendedoras rodean nuestras vidas. Las de caramelos debieron ser de las primeras, pero pronto aparecieron las del tabaco. Me acuerdo de las de manivela, que a veces se atrancaban, aunque en eso no hemos mejorado mucho porque por aquí siempre hay algún incidente con la bolsa de maicitos que se atranca. Tras el tabaco llegó el sexo. Poco a poco las máquinas de condones se fueron introduciendo en los pubs. A hurtadillas, en los baños y casi escondidas, no fuera a ser. Ahora, ya más normalizada su presencia, aparecieron a las entradas de las farmacias. Supongo que porque a veces un preservativo es una urgencia y así al farmacéutico de guardia le facilitan el trabajo. Pero lo último, lo más in , es la máquina expendora de tangas. Rojos y comestibles según explicó el representante. El hombre, que intentaba colocarle una máquina de chicles o algo por el estilo a Isidro, tenía en su catálogo un espectacular expendedor de este tipo de adminículos. Uno de los usos que se le podían dar a los tangas, según se apuntó allí, era el regalo excusa. «Chegas ás catro da mañán e dislle á muller: 'Toma, aí tes'». Un argumento que no le augura una vida muy exitosa a la máquina de tangas. Sin embargo, la imaginación del personal seguro que aporta alguna idea a mayores. Aunque para ello, el vendedor tendrá que colocar la máquina expendedora en algún local. En Os Arcos me parece que va a ser que no.