El cambio en cuarentena

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

En directo | Relevo de médicos en la comarca Los tres médicos de A Illa abandonaron su plaza ayer dentro del plan de recolocación del Sergas. Sus pacientes esperan impacientes a los nuevos inquilinos de las consultas

20 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?n A Illa, ayer nadie tenía vez para el médico de cabecera. Manuel y Vicente tampoco. Pero estos dos viejos marineros habían pasado muy mala noche. Cosas de los fríos y los catarros. Así que a mediodía se acercaron a la casa del mar por si las moscas. Sabían que su médico habitual, Don Ramón, ya no estaba allí: al igual que los otros dos médicos de cabecera que trabajaban en la localidad, el proceso de consolidación de plazas iniciado por el Sergas los ha llevado fuera de A Illa. En medio de un pasillo vacío, la marcha de los facultativos era el tema de conversación obligado. Los dos amigos habían compartido médico durante los últimos veinticinco años. «Tiñamos a Don Ramón de toda a vida», decían. Y estaban encantados con él. -A min xa me levaba de rutina. Tomo seis pastillas ao día, e eso non é broma, decía Vicente. -Home, el xa sabía o historial de todo o mundo, replicaba Manuel. -Haberá que ver como se comporta o que veña. As personas hai que tratalas para ver se son boas ou malas. -Claro. Que sexa bo e nada máis. Los dos viejos marineros continuaron su cháchara haciendo cábalas sobre el destino de Don Ramón -«É do que falamos porque foi o que coñecimos máis, pero aquí os tres que había eran unha marabilla», aclaran-. «Disque vai contra alá, contra Meis». Apuntaban en la dirección correcta: Don Ramón empezará el lunes en el consultorio de Vilanoviña. Don Eugenio en Portas. Y el doctor Villanueva en Vilalonga. El doctor Villanueva fue, precisamente, el encargado de hacer guardia ayer. Llevaba dos años en A Illa, pero en ese tiempo, aseguran en la cafetería de la Casa del Mar, «conquistou a todo o mundo». Quizás por eso, cuando sus pacientes se enteraban de que se iba lo primero que preguntaban era «si me hicieran algo». Villanueva entendía el temor al cambio de muchos de los usuarios del servicio. Pero también asegura que «el paciente enseguida se olvida. El que venga tiene que ser la peste para que no te olviden pronto». Y no cree que ninguno de los tres facultativos que el lunes tomen posesión de sus puestos en A Illa vayan a causar estragos entre los pacientes. «Seguro que el cambio resulta beneficioso para los pacientes. Siempre es así». Ojo de experto Mientras él habla, Rosa y Quinso, los responsables de la cafetería de la casa del mar, evitan entrar en la conversación. Pero en cuanto el médico se marcha, desembarcan de lleno en una charla con Guillermo, un paciente que acababa de recoger unos análisis. «Nós levamos vinte anos aquí, na cafetería. Vimos pasar moitos médicos. Pero estes tres que agora estaban formaban un auténtico equipazo», sentencia Rosa desde el otro lado de la barra. ¿Por qué? Entre otras cosas, «porque nunca mandaron a ninguén de volta sin atender. Aínda que saíran ás cinco da tarde, como teñen saído moitas veces». Y porque actuaban un poco como psicólogos de sus pacientes. Guillero lo explica: «Con velos a eles, a moitos, sobre todo á xente de máis idade, xa se lle pasaban os males». Quinso interviene poco. «Seguro que os que veñan serán bos», dice varias veces. Todo será cuestión de que los pacientes se acostumbren a ellos y que ellos se acostumbren a los pacientes. «Pero botalos de menos sí que os imos botar».