El adiós de una mujer decidida

El perfil | Paula Janza Muñiz Empezó en la política con 20 años y dio por finiquitada su trayectoria ayer mismo, cuando peina tres décadas. Se acaba una carrera brillante truncada por una apuesta equivocada


vilagarcía

?a inocencia no abunda en el mundo de la política. Por eso, inocente no es una palabra que pueda usarse para adjetivar a Paula Janza. Para calificarla es necesario buscar otros términos. Tal vez, decidida, luchadora, directa y leal sean palabras que sirvan para marcar el carácter público del que ha hecho gala esta popular grovense. Son cualidades con un doble filo: positivas para sus compañeros de luchas y negativas para quienes están en los bancos de enfrente. Y en esto de la política, los aliados cambian a una velocidad vertiginosa, y lo que hoy unos ven como virtud mañana lo ven como pecado.Es justo que a Janza se la recuerde por sus filias y fobias de partido. Ella nunca hizo nada por ocultarlas. Cuando consideró que tenía que hablar, habló. Rompió lanzas en favor de muchos de sus compañeros y criticó a su partido en ocasiones, pero siempre guardando un equilibrio exquisito y unas formas que, en política, pocas veces se ven. La última demostración de su lealtad para su familia política fue el empeño puesto en conseguir compromisarios para Cuíña. Lo hizo con la misma intensidad que derrochó estos últimos diez años, elección tras elección, en ganar votos para su partido. Y tanta implicación y tanta devoción molestó a muchos populares de otras familias. Lo que no sería de justicia sería que los diez años de historia política de esta mujer quedasen reducidos a eso. A, como dicen algunos en su pueblo, ser una «chica Cuíña». Janza comenzó, con 20 años, tomando las riendas de Novas Xeracións y terminó como presidenta local del partido. Trabajó como concejala y como diputada autonómica. Y se empleó a fondo en una lucha que la apasiona: la igualdad de género, una guerra en la que, dijo siempre, no hay ideologías. Ayer, a Janza se la veía emocionada por decir adiós, y por decirlo a desgana. Pero se marchó con clase. «Se me paro a pensar, creo que fun unha persoa moi afortunada, tiven a honra de representar aos meus veciños no Concello e no Parlamento, e aprendín moitísimo», decía su carta de despedida. Y continuaba: «Levo comigo, creo, o respecto da maioría da xente coa que traballei e o aprecio e o cariño senón da maioría, si de moitos dos meus veciños».

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