ES COMO la ley antitabaco. Pagan justos por pecadores. La normativa no es más que una consecuencia de muchos años de prepotencia de los fumadores contra el resto de la población. Y ahora lo pagan también los que siempre pedían permiso para encender el pitillo. La mayoría de la población no le da una patada a la papelera cuando pasa por su lado ni deja tiradas las botellas en la calle cuando le apetece tomarse unas copas. Los que delinquen contra la propiedad privada son un escaso porcentaje de la población, y los vándalos son minoría en los botellones. Pero todos pagaremos las consecuencias. Todos seremos vigilados por las cámaras y nos lo pensaremos dos veces antes de rascarnos el trasero o darle un beso a la parienta en plena vía pública. Eso sí, todos habremos ganado en seguridad e iremos más tranquilos por la calle pensando en que si nos dan un navajazo, es probable que den con el culpable. Pero todos habremos perdido libertad. Cada cual que piense si compensa.