ENTRE LÍNEAS
03 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.UNA AMIGA me trajo ayer una foto antigua. Debe tener por lo menos doce años. Un tercio de mi vida. Casi nada. En la imagen salgo yo con mi amiga y con otros amigos en el bar Xesteira. Uno ya no está, por desgracia. Las fotos son una gracia cuando se hacen. Uno posa como si cualquier cosa. Sin embargo, cuando pasan los años, ese acto casi inconsciente se carga de valor y de significado. Para empezar, porque esa debe ser una de las pocas fotos que tengo con mi amigo fallecido. También porque te permiten percatarte de las consecuencias del inexorable paso del tiempo. Todos estábamos más delgados y, salvo mi amiga, todos estábamos más guapos. Ella no. Como todas las cosas que son buenas, ha mejorado con los años. Ayer me emocioné viendo esa foto. Parece mentira el enorme valor que puede tener un simple trozo de papel.