Los fumadores ganan, por ahora

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

AROUSA

Testigo directo | La ley antitabaco en la comarca En la calle apenas se nota la entrada en vigor de la normativa, a no ser por algunos pitillos callejeros o por los carteles en los que se dice «aquí sí», o «aquí no»

02 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La dureza de la ley antitabaco se ha compensado en la comarca con talante conciliador y espíritu respetuoso. Al menos de momento, porque lo que se pudo ver en la calle el primer día laboral tras la entrada en vigor de la restrictiva normativa es que, por ahora, ganan los fumadores, y no se podría descartar que los enemigos del pitillo acaben echando humo por las orejas y mano de la ley que defiende sus derechos. Al margen de algunos trabajadores que salieron a la puerta para echarse el pitillo, muy poco cambió desde el pasado día 31. Desde luego no cambió nada en la noche de Fin de Año, donde los responsables de la hostelería bastante tenían con atender sus abarrotados locales hasta bien entrado el día 1 como para preocuparse de si la gente fumaba o no. Y con unas copas, la mayoría se olvidó incluso del asunto y encendió el pitillo en cualquier parte como tenía por costumbre. Bien es verdad que no estaba previsto vigilar lo que ocurría esa noche, así que el verdadero día cero fue el de ayer. Y al margen de las oficinas, donde la ley no deja resquicio a los fumadores, en los bares y cafeterías las cosas no habían cambiado mucho respecto del año anterior, de no ser porque el 2006 amaneció con los carteles de «Se permite fumar». Fue imposible encontrar ayer un bar en toda la comarca -lo cual no quiere decir que no lo haya- en el que se colgara el de «Prohibido fumar». Bueno, sí hubo uno, pero no tuvo larga vida. En una céntrica cafetería de Cambados los empleados recibieron ayer a sus clientes con el letrero de «No fumar», pero a media tarde desapareció del escaparate, no se sabe si porque la decisión no era aún firme o si las protestas de los clientes recomendaron lo contrario. Está claro que a costa de los no fumadores, muchas cafeterías, sobre todo las que están cerca de oficinas y tienen a sus empleados como clientes, piensan sacarle provecho a la prohibición de fumar en los centros de trabajo y esperan al personal atraído más que por el café, por la posibilidad de echarse un pitillo. Mensajes agresivos Esa normalidad contrasta con los mensajes tremendistas que primero aparecieron en las cajetillas de tabaco y ahora ya están por doquier. En la máquina expendedora de un bar rezaba ayer el siguiente mensaje: «Yo puedo vender, tú no debes comprar». Con todo, muchos aprovecharán estas fechas para dejar tan nocivo vicio, pero ni siquiera los arrepentidos pierden el sentido común. En las farmacias de la comarca no hubo avalanchas de clientes desesperados solicitando parches de nicotina o chicles para dejar de fumar. Por supuesto hay personas interesadas en el tratamiento, pero no esperaron al último día. Durante todo el mes de diciembre aumentaron las consultas al farmacéutico.