AREOSO | O |
28 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LA PELÍCULA ya vaticinaba tiempos difíciles para los fumadores. Cuando vi Smoking room -fue en el Cine club, claro, a La 2 todavía tardó un poco en llegar y al resto de las cadenas, ni llegará- me parecía+ que aquella historia estaba muy lejos de pasar aquí. Me equivocaba, sólo hubo que esperar tres años. La trama se desarrolla en una sucursal de una multinacional americana en España que prohíbe fumar en el trabajo. Eduard Fernández encarna al único trabajador que se atreve a reivindicar un habitáculo para fumadores en las oficinas, lo cual le acaba costando la enemistad de sus compañeros y las represalias de sus jefes. Los fumadores tenían que irse con el pitillo a la terraza y pasaron a convertirse en elementos bajo sospecha. ¿Una situación exagerada? Ya me lo pareció más. La nueva ley antitabaco no da opción. En los lugares de trabajo no se podrá fumar, ni siquiera en dependencias habilitadas para este fin. Así que mis compañeras fumadoras se tienen que ir a la calle, y gracias. Vaya por delante que una nunca fumó y defiende su derecho a no respirar el humo de los adictos-viciosos, o como se tenga a bien considerar ahora a estos enemigos de la salud pública, hasta para la de los gatos. ¿Sabía que se ha demostrado que los mininos que viven con fumadores sufren altos índices de leucemia? Pero allá cada cual con su salud. Que fume quien quiera, siempre que no moleste al prójimo. Y si los fumadores no tuvieron tolerancia hasta ahora, deberíamos tenerla los demás. El asunto es peliagudo y tiene muchas aristas que dan para debatir. El martes fue en el programa de Piqueras y coincidían allí en que, pese a todo, primará el sentido común. En la película llegan a las manos, pero todo vuelve a la normalidad gracias a un partido de fútbol. Vayan preparando el balón.