Crónica | Las fiestas de las trabajadoras de Marsac Al pie del cañón. Así pasó los días festivos la plantilla de Mariscos San Cayetano: vigilando la fábrica y su futuro
26 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?as trabajadoras de Marsac no han podido cumplir este año con el repertorio de tradiciones que marca la Navidad. Muchas no han adornado sus casas. Y muchas han pasado la Nochebuena al pie de la fábrica de Porto Meloxo que el grupo Alfageme quiere desmantelar. Lejos de sus hogares, de sus familiares y de las mesas adornadas. María del Carmen Caneda, presidenta del comité de empresa, buscaba ayer una palabra con la que definir cómo han sido estas fiestas. Encontró tres: «Raras, raras, raras». A medio camino entre la conciencia de que tenían un deber que cumplir y las ganas de irse a casa, espantar el frío y olvidarse por una noche de todas las sombras que hace más de un mes comenzaron a proyectarse, sin previo aviso, sobre sus vidas y sus trabajos. Pero, también en Navidad, las mujeres resistieron. «Estabamos mentalizadas», dice Caneda. Además, algo del espíritu navideño se había colado en el local de la Asociación de Vecinos de Porto Meloxo, su cuartel general desde hace más de veinte días -«vintedous», matiza la presidenta del comité-. Algunas cintas y algunas bolas de colores animaban el ambiente. Y el compañerismo, que aún sobra, hizo el resto. Aunque en Nochebuena fueron pocas las visitas recibidas, algunas llegaron. Incluso con paquetes bajo el brazo. Fue el caso del patrón mayor de la cofradía de O Grove, Francisco Iglesias, que llevó a las mujeres ropas de aguas. Aquel regalo fue recibido con agradecimiento, pero fue ayer cuando se apreció todo su valor: ocurrió cuando la lluvia hizo acto de presencia. «Xa pasamos por todo: frío, vento, e agora a choiva», decía ayer Carmen Caneda. «Se non fose polas roupas que nos trouxeron, hoxe -por ayer- non sei como iamos facer, porque cos abrigos e as mantas xa non nos chegaba», explicaba la presidenta del comité. Primeras bajas En cualquier caso, pese a todas las precauciones tomadas, el ejército de mujeres ha comenzado a sufrir bajas. Varias de ellas hicieron ayer sus turnos de vigilancia ardiendo de fiebre. Otras tres ya han dado con sus huesos en la cama, prisioneras de una fuerte gripe. «A ver canto tempo máis aguantamos así», decía la presidenta del comité. En principio, allí seguirán hasta que el conflicto de Marsac se acabe. Interrumpiendo, como lo han hecho hasta ahora, el paso de los camiones.