AREOSO | O |
20 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.HACE muchos, muchos años en un pueblo junto al mar habitó un señorito cuyo nombre era Alonso de la Torre. Sus lujos semanales, que después se convertirían en diarios, aparecían en El Callejón del Viento y eran objeto de admiración y de envidia. Quien no aparecía en un callejón era que pintaba muy poco por aquí. El asunto es que uno de los capítulos más memorables de los callejones era el que hablaba del periódico desaparecido. No recuerdo si se trataba de un bar o una tienda, o de un particular, pero al fulano en cuestión le faltaba el periódico los domingos, y Alonso entró en la historia durante dos fines de semana -nos tuvo en tensión a sus lectores durante quince días el condenado- hasta que al tercer domingo nos desveló que el culpable era un jubilado, y avezado, ladrón. El caso que nos ocupa hoy es mucho más modesto. En esta desventura lo que desaparece es una pegatina. Ya sabrán que nos hemos mudado -un precioso anuncio se lo recuerda cada día- y ahora somos vecinos de Patricio Serqueira. El podólogo más guapo de Vilagarcía y sus alrededores -según la encuesta que he hecho a mi alrededor- se preocupó desde el primer día de poner una pegatina al lado del botón del ascensor correspondiente a su piso (y también nuestro). Hete aquí, sin embargo, que alguno de los que usan el ascensor se dedicó, también desde los primeros días, a arrancar la pegatina. Patricio puso entonces una nota en el ascensor explicando que la pegatina no era por capricho sino para ayudar a la gente mayor que acude a su consulta. Puso incluso una de color dorado para hacer juego con el elevador. Pero ni por esas. Día tras día, la pegatina es despegada por alguna mano inmisericorde. Ayer, cuando subí a trabajar, todavía estaba. Pero nadie asegura que aguantará una noche más. En fin, seguiremos informando.