ENTRE LÍNEAS
19 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.HUBO un tiempo en el que odiaba la Navidad. Por nada en especial, pero es que soy un poco vago y odio comprar los regalos de Reyes. Nunca puse arbolito ni Nacimiento ni nada. Los únicos símbolos navideños que evocó durante años mi imaginación fueron las fuentes de salmón ahumado y la lombarda con piñones en casa de mi madre. Me resistí hasta este año, pero he claudicado. Ahora tengo un arbolito con bolas y lucecitas y un Belén con sus camellos, sus pastorcillos y hasta el ángel. Uno hace muchas chorradas cuando es padre. Todo por ver cómo las lucecillas del árbol encienden los ojos de mi hija con cada destello. La Navidad es hermosa. Antes nunca lo hubiera dicho, pero ahora creo que el mundo nos debe alguno de estos pequeños momentos de paz y tranquilidad. Para el que los tenga, claro.