El cansancio va haciendo mella

María Santalla vilagarcía

AROUSA

En directo | La resistencia La vigilancia de las mujeres frente a la fábrica va sumando horas y los cuerpos se debaten entre la necesidad de descanso y las ganas de seguir al pie del cañón

13 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?a plantilla de Marsac lleva ya diez días de guardias permanentes frente a la factoría. Los dos últimos han sido especialmente duros. De ahí que el cansancio y los nervios vayan, poco a poco, haciendo mella. Pese a ello, todos quieren estar allí. A mediodía de ayer, todavía quedaban ante la puerta de Marsac personas que habían llegado el lunes a las seis de la mañana. Desde entonces no habían descansado. A muchos tienen que insistirles para que se vayan un rato a sus casas. Los que doblegan y se van a descansar alejan su cuerpo de la factoría, pero la cabeza es otra cosa. Sigue dando vueltas alrededor del problema. Muchos no acaban de creerse que estén viviendo esta situación. «Ás veces penso que vou despertar e que vou ver que todo isto foi un soño», comenta una de las trabajadoras de Mariscos San Cayetano. Pero si el coste físico es grande, no lo es menos el «coste humano e familiar» que para las mujeres tiene esta situación que están viviendo. Algunas tienen niños pequeños a los que cuidar. Otras deben ocuparse de sus padres. Se quejan de que no pueden atender su casa y de que muchos días no tienen tiempo ni de ir a la compra. Por eso son conscientes de que lo que están viviendo con la amenaza de cierre de Marsac no les afecta sólo a ellas, sino a todo su entorno. Pero, pese a ello, las mujeres siguen teniendo claro que lo que les toca en este momento es estar allí e intentar defender sus puestos de trabajo hasta las últimas consecuencias. Por ellas, sobre todo, pero también por la economía de un municipio que «non sabemos de que vai vivir se cerran as conserveiras».