La voltereta de la gaviota

La Voz

AROUSA

La cosa política

03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?a rotunda derrota de Xosé Cuíña y el afloramiento de Alberto Núñez Feijoo como líder indiscutible del Partido Popular de Galicia han funcionado como un perfecto laboratorio político, que ha puesto a prueba todos los sobreentendidos que pendían sobre la gaviota galaica, esas pseudotesis que se daban por hechas y que, mientras en algunos casos se han confirmado, en otros han caído como castillos de naipes mal cimentados. Lo primero que este proceso electoral interno demuestra es la fortaleza del aparato del partido en A Coruña y Pontevedra. En el sur, el presidente provincial y máximo responsable de la Diputación, Rafael Louzán , ha ejecutado con eficacia alemana el cometido que se le había encargado: convertir el territorio pontevedrés en el feudo de un hombre, Núñez Feijoo, ourensano, cuya única relación conocida con la provincia hasta hace dos años se limitaba a la posesión de un apartamento en Vigo. De paso, Louzán se deshace de su principal rival interno, la sombra inquietante, la amenaza que pendía sobre él y las riendas de la formación conservadora. Cuíña firma su sentencia política, al menos por lo que respecta a las siglas del PP. El ribadumiense sale, en definitiva, enormemente reforzado del envite. No en vano, se puso en persona a la cabeza de la campaña a favor de un Feijoo que, en buena medida, le debe a él y a los mecanismos que ha puesto en marcha un triunfo inesperado por lo tajante. El ex vicepresidente de la Xunta lleva el volante, pero el motor funciona con combustible destilado en O Salnés. La influencia del aparato Probablemente llevan razón quienes, como el ex conselleiro y candidato tangencial, Enrique López Veiga , advirtieron desde el principio que el sistema buscado para la elección de los aspirantes a la presidencia del PPdeG está lejos de fomentar la democratización interna del partido. Al de Gondomar le parece, y no se ha privado de repetirlo, un «escándalo» que el aparato tomase cartas a favor de Núñez Feijoo; incluso que Baltar, como presidente provincial en Ourense, hiciese de Cuíña su santo y seña, o que Cacharro Pardo , pese a sus más y sus menos, hiciese lo propio en Lugo con Xosé Manuel Barreiro . A él, lamenta, ni siquiera se le facilitaron los listados de militantes. Y los hechos han ratificado sus temores sobre la enorme influencia que la estructura de poder juega en una formación en la que las decisiones siempre han fluido de arriba a abajo. En realidad, lista cerrada El mecanismo de compromisarios y avales encierra en sí mismo el germen de su propia deformación. Se trata, en principio, de un sistema de listas abiertas, en el que cada aspirante se presenta a título individual y cada votante elige a éste o al otro en función de sus preferencias, tal y como sucede con las elecciones al Senado. Sin embargo, al polarizarse las opciones hasta el punto que lo han hecho, al final la mayoría de los afiliados populares se han traído las papeletas marcadas de casa. Muchos, incluso, se la pedían a sus dirigentes locales. Es decir, en la práctica han votado como en unas municipales, a una lista cerrada. En tales casos, suele funcionar una fórmula de reparto proporcional, como la ley d'Hont, para distribuir de forma equitativa los concejales o diputados que a cada candidatura le corresponden en función de sus resultados. Pero aquí no se daba tal factor corrector. De ahí que todo transcurriese como en el modelo estadounidense: quien consigue un voto más que su rival se lleva todos los compromisarios. Esta es la razón por la que Cuíña, pese a obtener el 26% de los votos de Vilagarcía o el 42,7% en Ribadumia se quedase en ambos municipios sin un solo representante. Y, al revés, explica que Feijoo, con el 48% de los sufragios, no cosechase nada en O Grove. No obstante, ninguna de tales objeciones restan legitimidad a la victoria del aspirante ourensano, ya que, por una parte, las bases tuvieron en sus manos y en sus votos la oportunidad de discrepar y, lejos de hacerlo, respaldaron masivamente las directrices que emanaban desde arriba. Y, en segundo lugar, los candidatos, incluso López Veiga, aceptaron las reglas del juego y no intentaron cambiarlas antes de lanzarse a la arena. La lectura en Arousa De todo lo sucedido se extraen interesantes conclusiones. Por ejemplo, que el PP de Vilagarcía puede prescindir, como lo estaba haciendo, del sector cuiñista. El rival interno, mal que le pese a la gestora, sigue siendo José Luis Rivera , que se inhibió en el proceso sucesorio por su evidente enfrentamiento personal con el de Lalín. De no haber mediado tan mala relación y haber movilizado a su gente, los resultados podrían ser hoy otros. También cabe destacar la pelea encarnizada que se mantiene viva en Ribadumia. Una verdadera piedra en el zapato de Louzán, que hace pensar en unas muy reñidas municipales en el 2007. Por último, los riesgos de demonizar al contrincante, a Cuíña, cuando al final éste vence, como en O Grove. Las declaraciones de un militante de los de peso, la misma noche electoral, son dignas de tener en cuenta: «Parecen os tempos de Alfredo Bea , un voto por unha botella de aceite. ¿Así que Carballo lle rompía hai dous anos a lista e agora temos que ir da man del? Están xogando sucio, aí, na porta, co papel, mesmo cambiando a intención dalgunha xente. Que me veña agora a pedir que faga campaña...». El hombre se refiere al alcalde, Miguel Pérez. Muy crudo