Reportaje | Expedición gallega a Tindouf Las familias de acogida de niños saharauis pasarán una semana con ellos en sus casas experimentando cómo vive un refugiado en la zona más árida del desierto argelino
03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?a relación establecida entre las familias españolas y los niños saharauis que cada año viajan a la Península para vivir durante unas semanas al ritmo del siglo XXI que su destino le niega, es un soplo de aire fresco en ambas direcciones. Cualquier brisa se agradece, máxime cuando uno se ha visto expulsado de su tierra natal -esos mares de dunas doradas-, para acabar con sus huesos en la misma hamada, la parte más pedregosa y árida de un desierto que es de todo menos romántico. «¡Ojalá te pierdas en la hamada!», maldicen los árabes a sus enemigos. Este es el entorno -humanizado en cierto modo por los 200.000 refugiados saharauis que desde hace más de un cuarto de siglo sobreviven en el desierto- que hoy mismo podrán observar los aproximadamente doscientos gallegos que viajan desde Santiago a la ciudad argelina de Tindouf para visitar a sus niños. Antes tendrán que hacer escala en Orán, pero el ajetreo merece la pena. Lo dice Charo Lorenzo. Esta economista, secretaria general de la Cámara de Comercio de Pontevedra, es una de las pontevedresas que presume de tener no una sino dos «hijas de la arena». Así llama ella a Yagouta, de 12 años, y a Aizza, la benjamina, de 8 años, que el año pasado se incorporó a su nueva familia pontevedresa. Charo está contenta de partir a un destino que ya es habitual para ella. Desde el 2002 pertenece a la ONG Solidaridade co Pobo Saharaui y desde entonces ha ido aumentado sus contactos con unas gentes que no pierden su esperanza de poder regresar algún día a sus raíces. «Hay una ONG que ha puesto una antena y hablamos por teléfono. Si te llaman, cortan y llamamos nosotros» -Así no gastan ¿no? -«Es que no tienen que gastar». Sin embargo, no escatiman esfuerzos para agasajar a sus familiares españoles en su primer día de visita. «Como prueba de hospitalidad sacrifican un cordero». Lo que queda no vendrá mal para preparar cuscús o arroz. «También he probado allí la carne de camello y la tortilla de patata, una reminiscencia de la influencia española y, sobre todo. Té a todas horas». Los campamentos instalados cerca de la ciudad argelina de Tindouf, donde la temperatura en verano supera holgadamente los 50 grados a la sombra, estan divididos en distritos o wilayas, cuyos nombres repiten el de las ciudades más importantes del Sáhara Occidental: El Aaiún, Smara, Dajla y Auserd. Cada wilaya se divide a su vez en seis o siete pueblos o dairas. Y donde viven las hijas del desierto de Charo se llama Bucra. En jaimas o en casas de adobe pasarán siete días y siete noches. Conversando, con un humentante té verde en sus manos, que volverán a Galicia adornadas con henna.