Abriendo puertas a la música

AROUSA

AREOSO | O |

28 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE treinta años pocos niños sabían lo que era una corchea o un pentagrama. En la antigua EGB, la asignatura de música o no existía o bien se limitaba a una hora de clase a la semana para aprender a tocar Noche de Paz en la flauta o a chaparse la lista de los compositores más notorios del barroco. Pero música, lo que se dice música, nadie te la enseñaba. Esta disciplina quedaba relegada a las academias que, bien porque eran de pago bien porque pocos padres tenían estas inquietudes, se convertían en reductos casi exclusivos, que no exquisitos. No se crean que hablo de clases de piano, tras la ventana con vistas al jardín en un vetusto salón con tresillo y candelabros. Una aprendió sus primeras nociones de solfeo -y ahí me quedé- en una casa de labranza, con Angelito y Modesta, en lo que fueron los antecedentes de la academia que nació al amparo de la banda de Castrelo. Lo de aprender música era casi una extravagancia. Hoy, afortunadamente, forma parte de la formación reglada y un pilar consolidado de la oferta extraescolar. Las escuelas de música y los conservatorios municipales son cada vez más, incluso en los municipios rurales. Todavía no se ha conseguido que sean gratis total, que deberían, pero las clases no resultan más gravosas que una horas de inglés o informática. No es cuestión de que en cada casa haya un virtuoso del violín pero sí de que el conocimiento por la música se universalice para aprender a apreciar y disfrutar de esta maravillosa ventana al mundo de los sentidos. Todavía son pocos, pero es un gustazo ver a los niños en un concierto de la banda de música del pueblo o enganchados al Conciertazo de TVE. Por ahí se empieza y en O Salnés se están dando pasos notables en este sentido. Los adultos del futuro lo agradecerán.