Días de magosto y calabazas

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AROUSA

En dos minutos | El otoño se adueña de O Salnés Las castañas asadas conviven en Arousa con tradiciones centenarias como los Difuntiños de A Illa o la procesión nocturna de Xil

16 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Humo ocre, aroma a chorizo y a castaña. Los olores del otoño delatan una de las tradiciones que mejor mantienen el tipo dentro del calendario festivo de la comarca de O Salnés: los magostos. Durante las primeras semanas de noviembre, colegios y vecindarios reviven el sentimiento de común pertenencia en torno al fruto del castaño y a un vaso de vino. Pero tras la pujanza del magosto se ocultan toda una serie de prácticas que el otoño traía consigo a la mayor ría de Galicia. Uno de sus ejemplos es la ronda que, el 1 de noviembre, cubren los rapaces de A Illa de puerta en puerta, en busca del Difuntiño, una antigua esmola transmutada hoy en caramelos y golosinas. En otros tiempos era común en toda Galicia, y cubría algunas necesidades básicas de la población menos afortunada. Así, al parecer era habitual que las viudas y los huérfanos sin recursos pidiesen también los Difuntiños para proveerse de viandas ante la inminente llegada del duro invierno. Comitiva al anochecer Otra de las costumbres que está bien documentada era la procesión nocturna que los vecinos de Xil, parroquia de Meaño, emprendían hacia el camposanto una vez que el sol había caído, en la víspera de Todos os Santos. Los participantes portaban en sus manos velas encendidas, cuyo valor simbólico va más allá de la mera necesidad de iluminación. El otoño es, también, el tiempo del samaín, que recupera su vigor en la comarca mecido por la potente propaganda cinematográfica del Halloween norteamericano. La tradición es, sin embargo, muy antigua en lugares como Cambados. Y, por supuesto, sus raíces nada tienen que ver con la importación de cliches estadounidenses. Hace pocas décadas, los chavales acostumbraban a vaciar calabazas e introducir una vela en su interior para dejarlas en las encrucijadas y meter respeto a los viandantes que osaban echarse al camino en la noche de Difuntos. Su denominación en gallego, calacús, denota un origen apegado a la tradición popular.