AREOSO | O |
15 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.TENÍA yo en el colegio una profesora con la que a veces me tropiezo en Vilagarcía y por la que sigo sintiendo una tierna gratitud. Me dio clase hace muchos años en un colegio de monjas, en Santiago. Yo no sabía ni me preocupaba entonces cuál era su ideología, aunque ahora con el tiempo me la puedo imaginar. Lo único que importaba era cómo se comportaba en el aula. Era una buena profesora, amable pero estricta, y eso tengo que agradecerle, porque impartía las clases con una disciplina que a los alumnos, sean los de hace cincuenta años como los de hoy en día, les aporta mucha seguridad. Yo, como otro cualquier ciudadano, soy producto a partes iguales de lo que me aportó la familia, los amigos y los profesores de la infancia. Ella tiene mucho que ver en el tipo de adulto en el que me convertí, para bien y para mal. Sobre todo para bien. En un instituto de Cambados hay una profesora que se llama Adela Leiro. La vi varias veces en clase, y tiene bastante en común con mi antigua profesora. Se nota en cómo le apasiona su trabajo, en cómo trata a los alumnos y en cómo los alumnos se dirigen a ella, con admiración y respeto. Pero fuera del aula Adela Leiro es una militante del Bloque, y quizás por eso hasta hace nada sus maravillosas publicaciones educativas no tenían mucho eco fuera de la comarca. Ahora cambiaron las tornas y se le quiere premiar, y a los participantes en la Volvo se le regalaron libros escritos por ella. Adela Leiro ya se lo merecía antes del bipartito, pero las cosas funcionan así. El PP y el PSOE escenifican sus desencuentros en la educación, y se comportan como unos padres mal divorciados que utilizan a sus hijos en la batalla. Por eso el mío, que va en quinto de primaria, ya pasó por tres reformas. Menos mal que sigue habiendo buenos maestros, al margen de los intereses políticos de quien está en el poder o en la oposición.