Más allá de la bofetada

| SERXIO GONZÁLEZ |

AROUSA

DANIEL, como muchos chavales, se inició en el mundo del pitillo compartiendo colillas en el patio posterior del colegio. Con trece primaveras, entre sus labios y los de sus compinches fumeaban espesos los águilas , los fortuna , los récord y los royal crown , aquellos apestosos rubios que, a saber por qué demonios, sólo gastaban las mujeres de edad respetable. Con el tiempo le atacó a los ducados , con los que estabilizó el vicio en torno a un paquete diario. Su padre no tardó en descubrir el apestoso aliento que la criatura destilaba los domingos por la tarde, mistura de humo y cerveza revenida. Lejos de calentarle los morros, el hombre optó por una estrategia sibilina: suministrarle al rapaz un cartón de nauseabundo tabaco inglés y darle fuego. No volvió a fumar. La audacia, en ocasiones, da sus resultados. Bienvenido el Outono preventivo de A Illa.