Análisis | Los argumentos para un traslado En 1974, Braulio Alfageme fundó en tierras mecas un cocedero especializado en el producto cultivado en las bateas. Ese fue el germen de una conservera que ahora quiere cerrar una etapa
11 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l mejillón fue la especie que hizo nacer en O Grove, en el año 1974, el cocedero Mariscos San Cayetano. El mejillón es, 31 años después, uno de los responsables de que esa planta, transformada en conservera, cierre sus puertas en esa localidad arousana. La historia de la empresa arrancó a mediados de la década de los setenta. En el 1976, cuando el cocedero llevaba dos años trabajando, Braulio Alfageme decidió ampliar el abanico de actividad y convirtió la planta en una conservera especializada en mejillón y mariscos. Allí se procesaban berberechos, almejas, navajas, zamburiñas, pulpo, chipirón y hasta huevas de merluza. Pero el oro negro de la ría, el mejillón, era la auténtica estrella: en una campaña se podían llegar a consumir hasta 14.000 toneladas de ese producto, procedente siempre de los polígonos instalados entre A Illa y la bocana de la ría. Aquellos tiempos de bonanza terminaron. Múltiples factores se aliaron en contra de la firma. Por un lado, las frecuentes mareas rojas que obligaban a parar y arrancar la campaña de enlatado de mejillón. Por otro, el sistema de ventas de los productores, que hacía que muchas veces el bivalvo que llegaba a la factoría fuese de una calidad inferior a la deseada por la conservera. Ante esa tesitura, la empresa adoptó una decisión: comprar el mejillón a otros cocederos, en vez de directamente a los bateerios. ¿Ventaja? De esa forma conseguían el bivalvo del tamaño deseado. ¿Inconveniente? Una buena parte de la actividad que se realizaba en la conservera -limpieza y cocción- desaparecía de la planta de Marsac. Aún con esas medidas, y ante la irrupción en el mercado del mejillón chileno, la producción de este bivalvo sufrió una caída brutal, llegando a las 4.000 toneladas por campaña. La deslocalización Para paliar ese declive, la empresa incorporó a la factoría de O Grove una nueva línea de producto, el calamar. Hasta el 1993 se había procesado en Vigo, a donde parece que volverá ahora. La deslocalización es otra de las razones por las que Alfageme dice tener que cerrar su factoría grovense. En un momento en el que las conserveras, en su afán por abaratar costes, han puesto sus ojos en países donde la mano de obra supone un coste mensual equivalente al de un solo día de trabajo en Galicia, Alfageme dice verse obligada a concentrar sus esfuerzos para poder seguir siendo competitiva sin tener que saltar fronteras. Pese a las razones aducidas por la empresa, y a la firmeza mostrada por ésta en lo que al traslado se refiere, en O Grove dicen estar dispuestos a defender la permanencia en el municipio de una factoría que lleva tres décadas allí instalada.