En directo | En la base operativa La tranquilidad ha regresado al puerto deportivo después de un fin de semana de competición de la Volvo Ocean Race
08 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.? falta de unos escasos días para la salida de la Volvo Ocean Race -tal y como recuerda continuamente un cronómetro ubicado en la carpa de Movistar- y después de un fin de semana de infarto con miles de visitantes, Sanxenxo ha retornado a una cierta normalidad. Ayer se podían visitar los pabellones de la Race Village sin tener que hacer colas o sufrir empujones. En cada carpa, una media de una decena de curiosos aprovechaba para hacer compras de ropa deportiva, interesarse por los modelos de Volvo en exposición o por degustar una caipirinha. ¿Nada de aglomeraciones? Bueno, nada no. Todo hay que decirlo. Las excursiones de los mayores encontraron su propio maná en el pabellón de Brasil, de donde las mujeres salieron equipadas con un práctico bolso y todo un arsenal cosmético de la casa Nivea. Lastima por los hombres. Para ellos sólo había unas muestras. Y claro con la tranquilidad, los equipos participantes en la Volvo Ocean Race se dedicaron estas últimas jornadas a ultimar las embarcaciones de cara a la salida del sábado. Mientras los barcos permanecieron atracados en los pantalanes, algunas de las tripulaciones se volcaron en la solución de cualquier posible problema. Por su parte, por la Race Village, caminando o principalmente en bicicleta, muchos regatistas se dejan ver. Sanxenxo ya se ha acostumbrado al holandés, al inglés o al brasileño, y estos y otros idiomas dominados por los regatistas y los periodistas desplazados ya no hacen volver la cabeza a los vecinos.