CON GOTAS | O |

07 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

ES FRANCESA, larga como un mundo y llegó a Vilagarcía con la idea de jugar al baloncesto para proyectar al Extrugasa hacia arriba. No pudo, porque está anémica, su estado físico es, al parecer, penoso, y el equipo, siguiendo la lógica implacable de cartera y resultados o manta y aire, le ha enseñado la puerta tras sustituirla por una griega resultona y anotadora. De nada sirvió que su familia corretease el fin de semana por Carril, esperando asistir a las proezas deportivas de su allegada. Lo único con lo que se han topado es un billete de ida sin retorno. Kanoute se va, con su tez morena y sus hematíes maltrechos. No hay vuelta atrás. Dicen que mostraba síntomas de recuperación. Lástima que el tema iba lento. Y, ya se sabe, el espectáculo debe continuar. No hay tiempo que perder, ni nadie a quien esperar. O el red bull te da alas, o ahí te quedas, chavalota. Observando este tipo de maniobras, inevitables por otra parte en la competición de élite, suenan a cachondeo todos los esfuerzos de las Administraciones habidas y por haber para promocionar el deporte como fuente de motivación de la juventud, por una parte, y mejor receta para combatir la atracción que la juerga, el botellón, el canuto y la raya, también demoninada lorcho, por estos pagos, ejerce sobre la chavalada. ¿Dónde está ese supuesto espíritu de superación? ¿dónde ha quedado el compañerismo, el trabajo en equipo, el arrimar el hombro para conseguir un objetivo común? ¿qué pasa con todos esos valores que supuestamente inculca la sana práctica del ejercicio físico? Diputaciones, concellos y santas instituciones autonómicas desatan una plaga de canchas de baloncesto, pabellones con y sin cubierta, campos de fútbol quasicibernéticos, piche, parqué y hierba artificial mientras el personal se fuma otro pitillo tranquilamente. Normal. Kanoute no necesitaba tanto desfase subvencionado. Sólo un buen filete.