Testigo directo | Los arousanos honraron a sus muertos pese al mal tiempo Ayer se cumplieron todos los requisitos para vivir una jornada de Difuntos a la antigua usanza, con lluvias y fuertes vientos para crear el ambiente perfecto en los camposantos
01 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Ni siquiera los tiempos de transición que vivimos fueron capaces de enturbiar ayer una jornada de Difuntos con todos los toques clásicos para cumplir con la tradición. Ahora que nacen reinas que no se sabe ni algún día se colocarán la corona y los estatutos hacen temblar los mapas políticos de la Península, ahora que las aves cogen la gripe y el cambio climático se empeña en robarnos los inviernos, ahora que los anglosajones quieren sustituir el circunspecto Tenorio por el macabro-festivo Halloween, va el calendario y se acuerda de que el 1 de noviembre debe llover y ventear sobre un día oscuro y crear así el ambiente perfecto para visitar los cementerios. Los arousanos no le pusieron al mal tiempo buena cara, porque no era la ocasión, pero se armaron de paraguas, gorros y gabardinas para sortear la lluvia y proteger sus hermosos ramos de flores de la furia del vendaval. Hasta el cementerio parroquial de Vilagarcía subían caravanas de coches y de peatones que caminaban por delante de esa escultura de las Carolinas que más que un homenaje a los voluntarios del Prestige parece reproducir las manos de un muerte viviente arañando la tierra para abandonar su tumba. Y en ese caos urbanístico que son ahora los cementerios todas las capas sociales lloran a sus muertos, juntos pero no revueltos, cada uno ante el mauseleo, el panteón, el nicho o la tumba que corresponde a su estatus. Conteniendo su dolor con serenidad los mejor situados en la escala social o haciendo espectáculo del suyo los más pobres, que son también más libres para según que cosas. El colorido lo ponen siempre los gitanos, que pasan el día en el cementerio y llenan de flores los panteones que ya todo el año están abigarrados de adornos y objetos decorativos de todo a cien. Pero Halloween acecha. Los niños se disfrazan como si fuera carnaval y las bromas se suceden sin ser el día de los Santos Inocentes. En Cambados, en la avenida de A Coruña apareció ayer una lápida tirada en la carretera, con inscripción y todo. No se conoce su procedencia ni se presentó denuncia alguna. Pudo haber caído de un camión o pudo ser una broma macabra. Lo segundo implicaría una vertiente cómica del día de Difuntos que atufa a yanqui.