Pida paso

MARÍA REY

AROUSA

AREOSO | O |

24 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

UN CLAXON ensordecedor y reiterado acaba de terminar con mi paciencia. Me levanto, me asomo a la ventana, y compruebo que quien está exasperado es el conductor que lleva un buen rato con la furgoneta parada en medio de la calle. No puede avanzar porque un Mercedes blanco, mal arrimado a un grupo de contenedores, le cierra el paso por los pelos. Es una de esas cuestiones en las que unos pocos centímetros sí que cuentan. Desde la ventana, me solidarizo con el conductor de la furgoneta y me indigno con el dueño del Mercedes. Luego miro a mi alrededor y pienso que, a lo mejor, él también fue víctima de la desesperación. Porque aparcar en nuestros pueblos, villas o ciudades es un auténtico incordio. Cada vez hay menos plazas para estacionar sin tener que pasar por caja. Y las pocas que quedan suelen tener sorpresa. En algunas de esas plazas brotan contenedores de basuras. Bien lo sabe un vecino de O Grove que ha recurrido al Valedor do Pobo harto de que en el puerto de Portonovo uno de los huecos reservados para discapacitados se convirtiese en una sucursal de Sogama. Otras plazas de estacionamiento se convierten en almacenes de las empresas de construcción, y el lugar que debería ocupar un vehículo pasa a convertirse en una distribuidora de bloques a pequeña distancia (por cierto, ¿los ladrillos pagan las multas de la zona azul?). Y luego está la modalidad esa que se han inventado de las zonas reservadas para aparcamiento de motos. Esas áreas suelen estar expeditas de todo tipo de obstáculos, pero allí no aparca ni el apuntador, que sigue prefiriendo dejar su vehículo de dos ruedas en donde podría instalarse perfectamente mi pequeño turismo. En fin. Que no me extraña que el del Mercedes aparcase de cualquier forma para hacer un recado urgente. Si se encuentra con él, pida paso.