?a bronca del sábado está lejos de constituir un episodio aislado. De hecho, en realidad fueron dos las peleas que se desataron en la noche vilagarciana. Y hace dos semanas, las sillas y los vasos volaban en algunos locales. La edad de los chavales que suelen participar en las grescas oscila entre los veinte y los veinticinco años, aunque no faltan veteranos del puñetazo y la patada que se afeitan para arriba desde hace tiempo. La actitud chulesca con la que algunos de ellos salen de casa se adereza con una ingesta etílica pantagruélica, que suele comenzar en el botellón de la zona conocida como el Triángulo, frente a la plaza de abastos. Entre la una y las dos de la mañana, el contingente de jóvenes bebedores se desplaza hacia la zona de Conde Vallellano, en cuya rotonda se repiten los botellones, con incursiones a un local inmediato, que padece los primeros arranques violentos. A medida que la madrugada avanza, lo hacen los camorristas, que castigan a última hora, ya muy calientes, el complejo de la TIR.