AREOSO | O |
14 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LOS MEDIOS de comunicación nos contagiamos a menudo de los eufemismos que se emplean entre nuestras fuentes informativas. Uno de los que más me llamó la atención cuando empecé en este oficio fue el de los piquetes informativos. En la primera huelga general a la que tuve que acudir descubrí que había otros adjetivos mucho más apropiados para lo que hacían los sindicatos; coactivos es quizás el que mejor le viene al pelo. No hubo quizás en los últimos años huelga más justificada que la que estos días llevan a cabo los transportistas. Hay quien dice que en una sociedad de libre mercado cada cual debe aguantar de su vela y que no es de recibo que en épocas de vacas gordas el autónomo se llene el bolsillo y cuando vienen las flacas llame a las puertas de mamá subvención. No estoy de acuerdo. Los transportes, en una sociedad globalizada, son mucho más que negocios particulares. Son un servicio público de primera necesidad, como queda demostrado por el desabastecimiento que estamos empezando a sufrir de productos de primera necesidad. Por eso a los transportistas no les hace falta el uso de la fuerza, porque les llega con la fuerza de la razón. Y los ciudadanos suelen ser en este aspecto comprensivos. El que más y el que menos tiene en la familia algún daminificado por la brutal subida de los carburantes. Como dijo ayer el alcalde de Vilagarcía, es un problema que nos afecta a todos. Y el regidor indicó también que la huelga es un derecho tan fundamental como el del acudir al trabajo. Estoy de acuerdo con Gago. Y los huelguistas deberían reflexionar al respecto, porque al final, la violencia siempre se vuelve en contra de quien la aplica. Echemos un vistazo atrás y recordemos conflictos laborales que acabaron en las páginas de sucesos. Al final, en la memoria colectiva se quedan los excesos de algunos en vez de los derechos de muchos.