ENTRE LÍNEAS
10 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.VIVIMOS como si no hubiera final. Pero lo hay. Vaya si lo hay. De hecho, es muy fácil morirse. Uno cierra los ojos y se va sin darse cuenta. En cuestión de segundos. Un muy buen amigo ha estado a punto de mudarse al otro barrio. Había decidido tomarse la tarde de relax -trabaja más de lo que debiera- y salió a montar en bici. Estaba en una gasolinera de Vilagarcía y, de repente, un coche se saltó un stop, le enfiló y se lo llevó por delante. Mi amigo cerró los ojos y cuando los abrió estaba en el hospital. Como es uno de esos tipos inteligentes que siempre se dan cuenta de esos detalles que los demás dejamos pasar por alto, él no cuenta de su experiencia chorradas de túneles con luces al fondo y almas levitando. Él, a parte de maldecir con toda la razón al imprudente conductor, se paró, me miró y me dijo: «Que fácil es morirse». Y tiene razón.