Hay quien dice que la larga espera entre la ascensión del PSOE a la Xunta y el nombramiento del nuevo presidente del Puerto de Vilagarcía tiene que ver con que Paz intentó, hasta el último momento, hacerse con el cargo en Marín. Lógico. El todavía portavoz del gobierno local lleva muchos años trabajando con los compañeros a los que ahora deberá dar órdenes, y eso nunca es un plato de buen gusto. Pero además, como buen conocedor de los entresijos del puerto, sabe que se le vienen encima decisiones difíciles. Los Presupuestos del Estado reservan ya una partida para el proyecto de ampliar la línea férrea hasta Ferrazo, y si nada lo impide, el tren pasará por delante de la TIR. Y los depósitos siguen ahí, aunque haya temporadas en las que parece que no se ven. El grupo socialista en Ravella siempre apoyó al Puerto en la defensa de los polémicos tanques, pero el asunto nunca estuvo tan claro en las filas del PSOE. Es más, Paz se encontrará con la oposición dentro de casa, en el partido y en el propio consejo de administración. Todo ello no es nada nuevo para el próximo presidente de la Autoridad Portuaria, que no tardará en dejar de defender los intereses de Ravella para defender los del Puerto, basados, sobre todo, en unos resultados económicos que muchas veces se logran a costa de la ciudad. A su favor cuenta su talante, no en vano siempre se caracterizó por saber navegar entre dos aguas. A fin de cuentas, como su amigo Javier Gago, él también sobrevivió a cuatro presidentes antes de heredar su codiciado sillón.