AREOSO | O |
06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA NOCHE es tremenda. No es que se mueva, es que te traspasa. La nocturnidad hace iguales a todos, al menos en los pueblos pequeños como este, donde el derecho de admisión se ciñe a un cartelito encima de la caja registradora. Y la noche tiene en el humo a un compañero indisoluble. Un humo que se mastica, como el del Bar Savoy del viejo Alvite. No soy fumador -lo siento, pero tranquilos tengo otras taras-, sin embargo entiendo el placer que la gente siente al encender un cilindro cancerígeno. De verdad. ¡Cuántas relaciones han comenzando con el mítico dame fuego (ya tremendamente erótica la frase per se) o el otro clásico: ¿Tienes un cigarrillo? Todo esto se lo quieren cargar. Y aquí todos callados. Hay algo que me preocupa en el talante. Con talante se han cargado las barbacoas, o s foghetes , y ahora los pitillos. Últimamente solamente escucho el verbo prohibir cada vez que habla en la tele alguno de los que mandan. Me preocupa, además, que se crimimalice a los fumadores. Daría para más de un capítulo de Los Simpson: el empleado que se aprende el truco de meter el cigarrillo encendido en la boca -antes reservado para los tamarices y coperfields de la vida- ante la llegada del jefe inquisidor. Insisto, no lo acabo de entender. Ahora que debería aumentar el debate sobre la legalización de ciertas drogas -el alcohol también mata, pero paga- incidimos en la multa. Y en el miedo, que es lo que recuerda a épocas pasadas. Ayer me dijo una amiga que su hijo había llegado del colegio aterrado. Él sabe que sus padres fuman y el chaval estaba pálido cuando se presentó a comer. Pero tranquilos. Ayer también se dio a conocer una sentencia de una juez estadounidense en la que obligaba a una adolescente a no tener relaciones sexuales como parte de su terapia. A este paso, todo se andará. Y el ciclo ya estará cerrado.