ENTRE LÍNEAS
16 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.NO SOY de esas personas ordenadas. Debo reconocerlo. Sin embargo, al mismo tiempo soy terriblemente maniático con algunas cosas. Por ejemplo, odio que los cuadros estén torcidos, o que las alfombras no estén rectas. Tampoco soporto que las puertas queden entreabiertas o que las sillas no queden bien metidas en las mesas. La lista de cosas que me molestan es interminable, para desgracia de los que me rodean. Hasta a mí mismo me sorprende que sea tan quisquilloso cuando soy el primero en tener manga por hombro mis papeles. No obstante, creo que he encontrado el por qué a tal contradicción. El orden, como todo, es relativo y como servidor posee una memoria de elefante y es capaz de recordar dónde deja las cosas sin necesidad de archivarlas pues resulta que en mi desorden yo encuentro mi orden. Pues va a ser eso.