Libros de texto

AROUSA

AREOSO | O |

09 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE BIEN PEQUEÑA aprendí que, desafortunadamente, no todos somos iguales. El primer indicio de ello lo recibí en el colegio. Algunos niños tenían libros nuevos cuando comenzaba el curso; otros, usaban los que ya habían gastado sus hermanos o amigos. Por aquel entonces algunos centros justificaban su exigencia de uniforme o mandilón diciendo que trataban de que no se notasen las diferencias económicas entre sus pupilos. Pero había un momento todavía peor, en el que las clases -aunque el término no esté ya de moda- se notaban todavía más-. Era cuando volvíamos al cole en enero y tocaba hacer relatorio de los regalo de Reyes. El Gobierno de la Xunta acaba de aprobar la gratuidad de los libros de texto para los alumnos de Primaria. Es justo. Una educación gratuita que se precie debe hacer honor a su nombre. Sobre todo en un mundo editorial que en los últimos años se ha vuelto exageradamente efímero. Pero tampoco estoy muy segura de que esa gratuidad deba ser universal. Conozco a muchos padres que ponen el grito en el cielo cuando llega la vuelta al cole y que, sin embargo, no tienen ningún reparo en gastar el doble de dinero, o incluso más, en los regalos de Reyes de sus hijos.