Un manjar con ocho patas

La Voz

AROUSA

VITOR MEJUTO

El palomar El calor de un sábado de septiembre no fue una excusa de peso para que no me acercase a A Illa a degustar, con cientos de personas más, un buen plato de pulpo

03 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Si mi madre lee esto hoy, y lo hará se lo aseguro, no me libro de una bronca segura la próxima vez que la vea. Reconozco que en mi casa me niego siempre a comer las carnes de ese extraño animal (cefalópodo lo llaman) que a mi padre lo vuelve loco. Reconozco también que pongo mala cara cada vez que mi madre, cuando voy a su casa, me dice que hay pulpo para cenar. No puedo evitarlo, supongo que mi animadversión viene a raíz de mi experiencia a bordo de una embarcación que pescaba a los animalitos de una forma que me pareció asquerosa. Mi animadversión se evapora en las romerías y en las fiestas populares. Yo se lo achaco al ambiente festeiro que allí se vive. De repente, lo que más deseo es comerme una buena ración de pulpo yo solita. Pues esto fue lo que hizo ayer una servidora en la Festa do Pulpo de A Illa. Por motivos de trabajo me acerqué a esta conocida fiesta gastronómica en la que la organización cocinaba 2.800 kilos de pulpo. No era la única. Cientos de personas protegían sus cabezas del sol de la tarde bajo una carpa en la que se servía pulpo y pan. Ninguno se quedó con hambre. Más fiesta Los que ayer no pudieron disfrutar de las delicias de este manjar de ocho patas tan apreciado en la comarca, todavía están a tiempo. Hoy continúa la fiesta en A Illa con más música tradicional y, sobre todo, con más pulpo. Niños y no tan niños acudirán a este rincón de la ría a degustar uno de los platos preferidos por los isleños de Arousa. Yo, desde luego, he prometido volver; eso sí, esta vez con mis padres.