En directo | Un multitudinario viaje al pasado Las calles de la ciudad acogieron una auténtica romería popular con docenas de banquetes, ambientados por romances de ciego, danzas egipcias y torneos
03 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?uentan los libros de la escuela que la Edad Media fue un tiempo oscuro, que la gente se moría de enfermedades a la mínima, y que quien era capaz de echar una gota de grasa a su caldo era el tipo más afortunado de la tierra. Así que, atendiendo a lo que ha avanzado para bien el mundo desde entonces, la Feira Franca se toma ciertas licencias gástricas que son, precisamente, las que más gracia le dan: comilonas, papadelas, paparotas, banquetes y pitanzas llenaron las calles de Pontevedra durante todo el día y buena parte de la noche de ayer. Como cada año, la Feira Franca se abrió con el transporte del vino por la ciudad, hasta la basílica de Santa María. Un acto así da perfectamente la medida de lo que va a venir después: estómagos llenos, bailes y cánticos, alguna partida de tute y una buena siesta a la sombra. Durante todo el día, Pontevedra contó con reclamos que recordaban lo que pasaba por sus calles: cetrería en la Alameda, tiro con arco en las ruinas de Santo Domingo, danza egipcia a cargo de Raxira Arrahat en ?A Ferrería, canciones de ciego y pasacalles casi en cada esquina, bailes medievales interpretados por gimnastas del siglo XXI... San Roque, abarrotada Uno de los atractivos del día fue el torneo medieval en la abarrotada plaza de toros. Sólo entonces se alivió un poco el tráfico de personas en las calles del centro histórico: muchos se quedaron en la calle, sin posibilidad de ver la justa, abarrotado como estaba el coso de San Roque. Casi ningún colectivo quiso quedarse al margen de un festejo que llenó las calles de la ciudad de la manera en que sólo las grandes ocasiones -unas fiestas de A Peregrina, una manifestación ultrapolémica- son capaces de hacerlo. A la Asociación del Mercado de Abastos no le pareció bastante con retrotraerse al siglo XV, y fue más allá: repartió callos al estilo bajomedieval y vino del Ribeiro del siglo XII, nada menos. Los clientes de la plaza estaban invitados. Pero si entre los callos y las pantagruélicas comidas que se metieron entre pecho y espalda los pontevedreses a mediodía -la mítica vaca que asa cada año junto al museo José Luis Torrado, O Bruxo, duró lo mismo que un suspiro- había alguien insatisfecho, todavía quedaba la noche. Después de una procesión de la Santa Compaña que recorrió la zona vieja, quien quiso -y, a esas alturas del partido quien pudo- siguió comiendo y bebiendo. En A Pedreira, por ejemplo, hubo cena con carneiro ao espeto al estilo morañés como menú principal. Para que luego digan que en la Edad Media se pasaba hambre.