Análisis | La gestión contraincendios Cualquier loco o desaprensivo puede quemar un monte. Pero desde la Administración se puede hacer mucho para evitar, sobre todo, los fuegos provocados por descuidos o accidente
22 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y sobre hechos consumados resulta bastante más complicado atajar los problemas. En Galicia tenemos uno gordo. Nuestro monte arde por los cuatro costados y ahora, lo que urge, es apagar las llamas. Después vendrá la reflexión y el trabajo en los despachos. El nuevo conselleiro del ramo Suárez Canal consideró que no el verano no era el momento adecuado para hacer cambios drásticos en el operativo contraincendios y esperará a que los montes dejen de humear para plantear cambios. De poco sirve la política contra los pirómanos. Pero la política sí puede hacer mucho en el ámbito de la prevención y la profesionalización del servicio. Limpieza La limpieza de maleza y desbroce de los montes es fundamental para evitar la propagación de las llamas. Un cigarrillo mal apagado o una hoguera encontrará campo abonado para provocar un incendio si hay maleza sobre el terreno. Los montes gallegos no se limpian suficientemente y en cuanto se acaban las lluvias, se convierten en espacios de alto riesgo. ?ontrol de quemas Los tiempos de la permisividad con las quemas incontroladas han pasado. Hoy, cualquiera que quiera deshacerse de restos vegetales en su finca o su monte deberá pedir permiso a los servicios de la Xunta y cumplir una serie de requisitos de seguridad. Pero todavía hay muchos particulares que eluden este control y siguen quemando rastrojos sin la autorización preceptiva. Aparte de suponer una irregularidad, es un factor de riesgo añadido porque en caso de que las llamas se propaguen -algo bastante habitual- resulta más difícil localizar el origen. Pese a las restricciones, son muchos los que consideran que el control sobre este tipo de quemas debería ser mayor, de modo que se exigiera a todo aquel que enciende una hoguera en el monte, que lo ponga en conocimiento de un servicio de emergencia (085) para agilizar la respuesta en caso de ser precisa la intervención y evitar, de ese modo, que muchos conatos acaben convirtiéndose en incendios devastadores. Profesionalización La extinción de incendios forestales recae, en su mayor parte, sobre personal eventual. El sistema que hasta ahora ha seguido la Xunta de Galicia se basa en la contratación de personal, que trabaja tres o cuatro meses y sin mayor horizonte laboral que el final del verano. Estas cuadrillas ?e distribuyen por los distintos ayuntamientos con el fin de que su respuesta ante los incendios sea más inmediata. Pero sus integrantes no siempre cuentan con la formación adecuada para realizar la peligrosa tarea de apagar incendios. Esta precariedad no es compatible con la profesionalidad de ahí que se plantee la necesidad de cambiar el sistema y reconvertirlo en un servicio que funcione todo el año y con mayores competencias, especialmente en el ámbito de la prevención. En Cataluña, por ejemplo, no hay la duplicidad y los bomberos se encargan, indistintamente, tanto de los incendios forestales como urbanos.