Análisis | Los problemas de gestión de residuos Las plantas del mar son un problema para las cofradías. Deben limpiarlas para evitar que dañen los bancos marisqueros. Pero no tienen modo de tratarlas después
20 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Para los bañistas, las algas son esa masa viscosa que enturbia el alegre chapoteo estival. Para quienes viven del marisqueo, un contratiempo natural e inevitable capaz de ahogar el marisco que crece en los bancos de arena. Para evitar ese triste final de almejas y berberechos, las mariscadoras llevan años realizando tareas de limpieza en los arenales. Aunque esos trabajos se acometen desde hace tiempo, y aunque la importancia económica del sector del mar está fuera de toda duda, lo cierto es que aún no se ha establecido ningún protocolo que clarifique qué es lo que deben hacer las mariscadoras con el dichoso «esterco». En las cofradías reconocen, con la boca más o menos pequeña, que las algas se amontonan en las playas, en los lugares que menos molesten. «Secaderos naturales», les llaman, eufemísticamente, en algunos pósitos arousanos. En teoría, allí permanecerían poco tiempo, el justo para que los agricultores de la zona las recojan y las utilicen para abonar sus campos. Pero lo cierto es que ya no hay tantos campos que abonar, y que la mayor parte de los materiales retirados de la orilla del mar acaban pudriéndose sobre la arena. Ese es el método más extendido, y una especie de acuerdo tácito hacía que nadie lo cuestionase. Pero la reciente polémica surgida entre el Concello de O Grove y la Cofradía San Martiño ha destapado la caja de las carencias. Sólo dos cofradías en toda la ría afirman no tener problemas para deshacerse de las algas. Una es la de A Illa, precisamente la que sufre año tras año, invierno tras invierno, las mayores plagas de los invasores verdes o marrones. «Nós botámolas nunhas zanxas, en fincas de particulares», explicaba ayer Didier Eric Dios, el patrón del pósito isleño. La otra cofradía que parece tener resuelto el problema de las algas es la de Carril. El responsable de la gestora, José Antonio Crespo, recordaba ayer que hace poco se ha firmado un convenio con el Concello de Vilagarcía para evitar que las algas se acumulasen en las playas de A Concha y A Compostela. El carácter urbano y turístico de esos arenales parece haber sido estímulo suficiente para que la Administración local intentase dar una solución a un problema que permanecía oculto en el día a día. Así las cosas, las mariscadoras limpian de lagas la playa, y depositan el «esterco» resultante de su faena en unos contenedores que recoge la empresa responsable del servicio de limpieza, Inusa. ¿Y qué hace Inusa con ese extraño residuo? Una parte lo destina a lo que todos: lo entrega a aquellos agricultores que puedan necesitarlo para abonar sus tierras. La otra parte la deposita en el punto limpio de Pinar do Rei, y allí dejan que se sequen y desaparezcan. En el caso de O Grove, sin embargo, el Concello no considera válida la alternativa del punto limpio, ya que consideran que las algas deberían ser tratadas y no simplemente acumuladas en esas instalaciones. Y aunque todas las cofradías coinciden al reclamar algún sistema que les permita deshacerse de las algas por cauces más adecuados, de momento no hay solución a la vista.