AREOSO | O |
13 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.VAYA POR DELANTE, porque hay gente muy susceptible, que nada más lejos de mi intención que poner la más mínima zancadilla a las fiestas de Vilagarcía. Ni tan siquiera a la concentración de motos que se organizó estos días en la ciudad, que de todo habrá también en la viña de los moteros. Ahora bien, un acontecimiento de este tipo es una oportunidad para que los amantes de las motos se reúnan, intercambien experiencias e incluso disfruten de sus vehículos, pero, eso sí, sin molestar al prójimo. Sentarse el viernes por la noche en una terraza de la Marina era condenarse a hablar a gritos y a intentar entenderse entre los ruidos de las motos. Una acaba la semana de trabajo pensando que ha dejado atrás el estrés, y resulta que bombardean su cabeza con un ruido insoportable. Cuando harta ya de tanto runrún decide irse a casa a descansar, resulta que los simpáticos moteros la persiguen y no dejan de pasar por su calle probando la potencia de sus aceleradores. Por si fuera poco, reciben como premio nada menos que una céntrica calle, enterita, vetada por supuesto a los demás conductores, para que puedan deleitarse en sus piruetas. Pues nada, que el año que viene me hago motera. Palabra.