Consternación y estupor en el comedor de Cáritas

La Voz

AROUSA

?nrique Collado acudía prácticamente cada día al comedor social de Cáritas en Vilagarcía. No es extraño, por tanto, que la noticia de que tras su muerte se oculta un asesinato corriese ayer como la pólvora entre la gente que se sentaba a la mesa, y que conocía perfectamente a la víctima. Y no sólo a él, sino también al presunto asesino, ya que los hábitos de A. G. R. como consumidor de sustancias psicotrópicas estaban al orden del día. Se hablaba, incluso, de su carácter en ocasiones violento y proclive a la agresión física. Sin móvil aparente La consternación por lo sucedido se mezclaba con el mismo estupor que cunde entre los amigos más cercanos de El Guaje. Nadie acierta en Cáritas a adivinar las razones por la que A. G. R. habría atacado a Collado. El móvil económico no tiene sentido, porque la víctima vivía al día y los únicos ingresos estables que percibía procedían de una corta prestación a través de una entidad bancaria. No parece que ambos tuviesen cuentas pendientes, y de hecho a El Guaje no se le conocían enemigos, y menos capaces de algo así. La explicación más lógica, descartados los dos factores anteriores, vendría dada por un enfrentamiento puntual e incluso azaroso.