CON GOTAS
28 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.QUE VILAGARCÍA tiene un puerto constituye una evidencia dramática por lo que respecta al urbanismo de la ciudad. Su característica más definitoria, el mar, le fue arrebatada por quienes se empeñaron, hace largas décadas, en ubicar los muelles, a golpe de relleno, en el peor de los lugares posibles, que diría Leibniz o, más recientemente, Felipe González. Sin embargo, esta triste experiencia que Vilagarcía comparte con Vilaxoán, el extrañamiento del mar, no parece haber calado en los hábitos del personal. Un puerto genera molestias y produce rendimientos. Pasan ferrocarriles, circulan camiones, se mueven grúas, es pieza imprescindible de la vida cotidiana. Lo lógico es que esta parte poco grata se ejecute de la mejor forma posible, pero se ejecute. No vaya a ser que, mirando a los biosbardos, perdamos también el tren.