En O Grove no quieren pulpeiros

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

ÓSCAR LÓPEZ

Reportaje | Una instalación polémica Algunos hosteleros se movilizan contra un vendedor que, dicen, les hace competencia desleal. El alcalde afirma haber tomado medidas para evitar «una invasión»

27 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?on los reyes de cualquier cuchipanda galaica: los pulpeiros. Y más este verano, cuando paladear el cefalópodo cocinado á feira y servido en platos de madera se ha convertido en un ritual de moda entre propios y extraños. Esa es la razón por la que muchos locales de la comarca han decidido enriquecer su oferta culinaria poniendo un pulpeiro en su vida y en su negocio. Donde la figura del pulpeiro no parece ser muy tradicional es en O Grove. Lo reconoce el alcalde, Miguel Pérez, quien indica que «cuando sales a cualquier sitio los ves, pero es cierto que aquí en nuestro ayuntamiento nunca los hubo». Quizás por eso, la instalación de uno de ellos a las puertas de la estación de autobuses de O Grove ha desatado las iras de algunos hosteleros de la zona, que ven en el pulpeiro un competidor desleal. Las primeras quejas por la actividad de este cocinero son ya viejas: hace ya algunas semanas que el responsable de un restaurante próximo recriminaba al Concello que no impidiese la instalación del puesto ambulante de comida. Máxime, cuando a ese mismo hostelero le había sido denegada, según cuenta, el permiso para vender pulpo y mejillones en la misma calle, solo que en la otra acera. Sus reproches parecieron ser escuchados por el alcalde, y durante una temporada, el pulpeiro desapareció de la calle. Pero este fin de semana ha reaparecido, y el enfado ha vuelto a rebrotar entre algunos de los hosteleros de la zona. De hecho, la policía local reconoce que ha recibido una cascada de llamadas advirtiendo de la instalación de un tenderete de venta de pulpo en la vía pública. El alcalde de O Grove, Miguel Ángel Pérez, asegura que el asunto del pulpeiro «está solucionado. Estuvo unos días en la calle, pero se le mandó retirar y se retiró». Dice el regidor grovense que en la orden que dio en su día no pesó la denuncia de un hostelero: «Mandarlo retirar fue iniciativa nuestra, más que nada para que no se siente un precedente y que se conviertan en una invasión». Sea como fuere, el alcalde ha dado por zanjado el expediente sobre el pulpeiro. Y los hosteleros insisten en que el negocio clandestino continúa, por las noches, en las inmediaciones de la estación.