CON GOTAS | O |
26 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EL PLENO de mañana en Vilagarcía puede dar mucho de sí en cuanto a argumentaciones para todos los gustos. No es probable que Fajardo, con su propuesta de retirar al Concello de todo acto religioso, conecte, no ya con el resto de sus compañeros de corporación, sino con la mayoría de los vilagarcianos. Pero una cosa es la importancia que cada uno le da a este tipo de cosas, y otra muy diferente lo que debe defender en tanto que representante institucional y portavoz de una formación política determinada. No creo que el alcalde, Javier Gago, deje de acudir a las procesiones. Pero habrá que ver como argumenta su rechazo a las ideas de Esquerda Unida. Y otro tanto reza para el nacionalista Castro Ratón, por ejemplo. Porque de Rivera y de Fole no caben, en buena lógica, sorpresas. La Iglesia, es verdad, está atacando con una saña inusitada a algo que, desde la Revolución Francesa al menos, cae fuera de su ámbito moral de actuación. Decir que éste es el atentado más grave al que se enfrenta la humanidad en su largo camino no deja de ser curioso tras tanto holocausto y tanta inquisición ante los que algunos guardaron un conveniente silencio. Y la reacción de determinados alcaldes diestros de este país, con salidas textuales del pelaje de «aquí non hai maricóns» no contribuye, precisamente, a aportar fuerza ética e intelectual a los detractores a ultranza del matrimonio -civil, no lo olvidemos, nadie se ha metido en las capillas a imponer a los clérigos que casen a quien no les apetece- entre homosexuales. La cuestión, en fin, se pone interesante y baja al parlamento que más a mano tenemos los ciudadanos, el de nuestra ciudad. Buen momento para la sana disputa dialéctica. A la vuelta de la esquina nos esperan los fiestas patronales, con su consiguiente carga religiosa. No está mal meterle calor a San Roque, un santo que al fin y al cabo recibe una buena ducha de agua fría cada agosto.