Reportaje | Un vilalongués lleva veinte años alquilando televisores Hace dos décadas, comprarse una pantalla de catorce pulgadas no era moco de pavo. De ahí el éxito del negocio de Carlos García, el alquiler de cajas tontas a los turistas
25 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Al que entra o sale de O Grove, un cartel rojo y blanco le saluda y le despide desde hace más de dos décadas: «Se alquilan televisores, llamar al 986 743 404». Se trata del negocio que descubrió el vilalongués Carlos García Padín, que comenzó a alquilar cajas tontas a los turistas allá por los lejanos ochenta y, de la noche a la mañana, se convirtió en el propietario de la inolvidable Verano Azul, la romántica Los ricos también lloran y los, casi siempre nefastos, partidos que la selección jugaba en los mundiales de fútbol. García Padín regentaba ya por aquel entonces una tienda de electrodomésticos en Vilalonga. La televisión más barata que podía ofrecer ascendía a casi cuarenta mil de las antiguas pesetas, así que pocos eran los turistas que venían a comprarla con el billete en la mano. Y aún menos eran los propietarios de viviendas para alquilar en San Vicente que accedían a comprar televisores para un piso que iban a disfrutar los turistas. Por ello, y en una conversación con uno de estos caseros, a García se le ocurrió el negocio del siglo: alquilar televisores. Así comenzó su carrera. Por la tercera parte de lo que costaba un televisor, el madrileño que llegaba a su pisito de verano se encontraba con una pantalla de catorce pulgadas lista para retrasmitir los goles de Butragueño o contar las penas de aquella Cristal venezolana a la que todos sus amantes engañaban. En un mismo verano, García llegó a alquilar 200 televisores, que luego en invierno guardaba cuidadosamente en un garaje. «Tiña como un gran parque de coches ou bicicletas, só que o meu era de televisores», recuerda Carlos García. A la par que cuenta cómo iba recogiendo casa por casa las pantallitas, el gurú del negocio explica también que se trataba de un oficio «moi sacrificado». Y es que, como uno puede imaginarse, el turista veraniego que llega con los niños, los flotadores, la abuela y la barbacoa no quiere complicaciones. Exige que, nada más poner un pie en el apartamento, de la caja boba salga ya el telediario por lo menos. El hombre para todo Por ello, García ofrecía al veraneante un servicio completo en el que, además de llevarse el televisor, le conseguía electricista y todo lo que hiciese falta para poner en marcha el aparato. Amén de, cada vez que una rayita asomase por la pantalla, allí estaba este vilalongués dispuesto a arreglarlo de ipsofacto. Todo ello con las complicaciones que relata Carlos García: «A un turista non lle podes ir arranxar nada nas horas de praia, tes que ir ás noites ou ás mañáns cedo e por riba tes que estar dispoñible os sábados e os domingos tamén». Con todo ello, este vilalongués de canas en pelo y sonrisa afable recuerda aquellos como unos años dorados en los que su negocio «era clave para pasar unhas boas vacacións en San Vicente ou no Grove». Lo que se llevaron los años Pasados los años, el precio de los electrodomésticos cayó en picado y comprar una televisión se convirtió en el pan de cada día. Por ello, Carlos García tuvo que ser más rápido que nadie y darle un giro de 180 grados a su negocio. Aunque el alquiler de televisiones sigue en pie, «por se ven algún despistado», ahora mismo el negocio está en que el turista o el lugareño se compren televisores para ponerlas hasta en el inodoro si hace falta. Pero este hombre, bregado en el mundo de los electrodomésticos, sigue hablando de ofrecer servicios integrales al cliente. Por ello, cuando a uno de los suyos se le estropea la televisión, allá va él con una de repuesto para que el hombre no tenga que perderse ni uno de los minutos de Aquí hay tomate. Total, que Carlos García sólo tiene que entrar en su parque de televisiones, señalar con el dedo y elegir alguna de las taitantas que todavía conserva en los estantes.