En directo | Los Secretos cautivan en O Corgo Los grovenses regresaron ayer a los tiempos de la movida, a aquellos años en los que sonaba el «Déjame, no juegues más conmigo» en la voz del inolvidable Enrique Urquijo
24 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.De por sí, la noche de San Xoán es una noche mágica, una velada meiga. En esta ocasión, para los grovenses lo fue por partida doble. Mientras los hogueras alumbraban a lo grande en San Vicente o en Porto Meloxo, en O Corgo sucedió lo impensable. Tras cerca de dos horas de buena música al son de Broken Angel y Los Amigos de Blas -por cierto, estos últimos lograron arrancar la euforia del público, con temas como Voy a más-, en la explanada de O Corgo obró el milagro. Los Secretos saltaron a la palestra y, por arte de birlebirloque, los ojos del respetable se tornaron más brillantes, los abrazos de las parejitas se sucedieron y las palmas comenzaron a oirse en la cálida noche grovense. Por sus miradas, se notaba que los tortolitos de treinta y cuarenta abriles -los más en el concierto-se le habían quitado de golpe unos cuantos años. Y es que era cierto, O Grove estaba en los ochenta. Como si estuviera él Como si Enrique Urquijo, el legendario cantante de la banda, jamás se hubise ido a los cielos, Los Secretos dieron su pistoletazo de salida con la canción que cuenta la triste historia de la chica que vivía cerca de una autopista y «crecía demasiado deprisa». Luego, un repertorio donde no faltaban las conocidas letras «cuantas noches soné que regresaba y en tus brazos llorabas por mi error», fue caldeando el ambiente, hasta el punto de que alguna que otra lagrimilla resbaló en la cara de los más nostálgicos. El punto de éxtasis romántico, como no podía ser de otra manera, llegó cuando la voz de Álvaro Urquijo cantó aquello de «Agárrate fuerte a mí María, agárrate fuerte a mí». Y por si la emoción había sido poca, Los Secretos se guardaban en la manga todavía el tema que fuera el buque insignia de la banda: Déjame. Una vez que sonó la canción, la explosión de sensaciones ya no pudo ser mayor. A partir de ese momento, cada vez que los músicos intentaban marcharse, centenares de gargantas exigían que tocasen algunas de la piezas claves que todavía no habían salido. Lo hicieron y sonó ella, la más famosa: «la de los ojos de gata». Entonces, y con una atmósfera de lo más bucólica, se demostró que ese «pueblo con mar» en el que sucede una maravillosa historia de amor una noche después de un concierto no puede ser otro que O Grove.