En directo | Noche?de?muchos?nervios,?cálculos?matemáticos?e?incertidumbre?en?las?sedes?de?las tres formaciones políticas que ocuparán escaños en el Parlamento de O Hórreo Ni en la calle ni en las sedes. Nadie se atrevió a celebrar los resultados en una noche electoral en la que las operaciones numéricas fueron el denominador común en todos los partidos
20 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La del domingo no fue una noche electoral al uso. En O Salnés no hubo explosiones de júbilo, ni banderas, ni bocinas, y mucho menos fuegos artificiales. Los gallegos quisieron mantener la incertidumbre hasta el último momento y darle a la emigración la última palabra sobre quién gobernará Galicia. En esta tesitura, obligados a esperar todavía una semana, la única reacción posible era la contención. Tal vez porque los galaicos somos más bien moderados, tras la fiesta del Celta el día anterior quizás hubiese resultado un exceso continuar la juerga. A la hora en la que se conocían los resultados electorales, las calles de Vilagarcía lucían inusualmente desiertas. La curiosidad por conocer quién gobernará Galicia durante los próximos cuatro años mantenía a mucha gente pegada a los receptores. Y la falta de un resultado claro impedía que nadie se lanzase a la calle a celebrarlo. «Qué noche electoral tan rara. No hay ni fiesta en la calle ni nada, vamos que hubo mucho más ambiente el día que el Barcelona ganó la liga», reflexionaba un simpatizante del Partido Socialista. Además de la falta de manifestaciones de alegría, el otro denominador común de la extraña noche electoral del 19-J fue la incertidumbre. En ninguna de las sedes se tenía muy claro si el PP podía o no recuperar el mágico escaño 38, el que correspondería a la cambadesa Rosa Oubiña y que devolvería la mayoría absoluta a los de Manuel Fraga. Armados con tablas y potentes programas informáticos, los cálculos matemáticos se sucedían en las sedes de PP, PSOE y BNG de Vilagarcía. Eso sí, en cada uno de los partidos sólo había una persona que comprendiera al cien por cien la intrincada ley D'Hont. Esa especie de gurú era la figura más buscada por sus compañeros. A él se dirigían todas las miradas y todas las preguntas. Bueno, la pregunta, porque era siempre la misma: qué pasará con el voto emigrante y su influencia en el resultado definitivo. Por supuesto, nada tenía que ver lo que unos y otros buscaban en esos cálculos. Los populares intentaban demostrar con números que todavía cabía lugar para la esperanza. Mientras, los socialistas esperaban que los dígitos les confirmasen que los votos de los emigrantes no podrían arrebatarles el último escaño por Pontevedra. Los que menos se afanaban con las cifras eran los nacionalistas, que parecían demasiado disgustados con sus propios resultados como para preocuparse de ninguna otra cosa. Ninguno de los grupos consiguió su objetivo de despejar la incógnita sobre el futuro gobierno gallego, y las espadas todavía continúan en alto. Pero sin duda los más optimistas fueron los del Partido Socialista. Los más animados de sus militantes incluso hicieron algún amago de celebración. «Pues nos vamos con las banderas a la plaza de Galicia», invitó algún socialista cuando logró convencerse de que las cosas no estaban tan difíciles como parecía. Pero su reto no tuvo eco alguno entre sus compañeros, que continuaron con su discreta celebración en la sede y decidieron, por el momento, aplazar cualquier celebración. Al día siguiente, más de lo mismo. La rueda de prensa convocada por el PSOE para valorar los resultados en la comarca estuvo preñada de cautela. Había felicidad en el secretario comarcal, Rodrigo Santiago, y en el coordinador de campaña, Alejandro Quintela, aunque tras el encuentro con los medios dejaban claro que la verdadera fiesta se celebrará el lunes 27, cuando el conselleiro de Presidencia, Xaime Pita, confirme de forma oficial que el voto de los emigrantes no modifica el resultado electoral en la provincia de Pontevedra. «Ya verás cómo ese día sí que la gente se echa a la calle a festejarlo. Ese día sí. Lo que pasa es que mientras tanto hay que ser prudentes y esperar a ver qué pasa, aunque con la confianza de que Galicia ha querido un cambio y lo ha habido», señaló Quintela.