PARTIDO POPULAR
20 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Pese a que los resultados les evidenciaban como ganadores, lo cierto es que esta victoria tuvo para el PP un sabor un tanto amargo. Al menos para el PP de Vilagarcía. En su sede no hubo celebraciones e incluso pudieron verse pocas sonrisas a lo largo de la noche. El semblante más relajado era, quizás, el que mostraba Tomás Fole. El líder de la formación quiso extraer los datos más positivos de la jornada y destacó que el PSOE vilagarciano sólo había superado a su partido en apenas un centenar de votos. Pero lo que se jugaba en las urnas el domingo era mucho más que eso, de ahí que algunos militantes no pudieran ocultar su decepción. Marta Rodríguez, por ejemplo, no logró disfrutar mucho de su recién conseguido sillón en el Parlamento. La minoría con la que de momento debe conformarse el Partido Popular y la necesidad de esperar a los resultados de la emigración para saber si consigue o no el preciado escaño de la mayoría absoluta, empañó la alegría de saberse diputada. Rodríguez Arias apenas esbozó una sonrisa cuando su compañera Beatriz González Loroño, que abandonará O Hórreo para dejar paso a su compañera de agrupación, se acercó a felicitarla. «No estoy triste, simplemente mi reacción es de prudencia, a la espera de lo que pase el próximo lunes», explicó la nueva diputada. Diferentes reacciones Las reacciones de la decepción fueron muy diferentes dentro de las filas populares. Hubo quien pasó el mal trago jugando a las cartas en el ordenador. Otros devoraban con ansiedad los datos del escrutinio, tal vez intentando encontrar un resquicio de esperanza. Otros, en fin, no pudieron disimular su tristeza y derramaron lágrimas de decepción. Pero si hubo un momento especialmente propicio para el llanto, ése fue el del discurso de don Manuel por televisión. Algunos militantes vilagarcianos vivieron ese instante con una emoción especial, quizás temiendo que podía tratarse de una despedida. Por supuesto, los aplausos sonaron en la sede de la calle Castelao en cuanto el líder conservador remató su intervención. Sobre la mesa, los restos de patatas fritas y refrescos eran indicios de unos primeros minutos algo más relajados.